Giant panda Mei Lun yawns at Chengdu Research Base of Giant Panda Breeding Wang Qin/Chengdu Economic Daily/VCG via Getty Image

El regalo de Trump a China

BERLÍN – Ya está claro que el siglo XXI trae consigo el inicio de un nuevo orden mundial. Mientras la incertidumbre y la inestabilidad asociadas con ese proceso se extienden por el globo, Occidente respondió con timidez, o con nostalgia de antiguas formas de nacionalismo que fracasaron en el pasado y que seguramente no funcionarán ahora.

Hasta para el optimista más incorregible, la cumbre del G7 celebrada este mes en Quebec fue la prueba de que el Occidente geopolítico se está desintegrando y perdiendo peso global, y que el gran destructor de ese orden que fue creado y liderado por Estados Unidos no es otro que el presidente estadounidense. Es verdad que Donald Trump es más un síntoma que una causa de la desintegración de Occidente, pero él está acelerando el proceso en forma dramática.

Los orígenes del malestar occidental pueden rastrearse hasta el final de la Guerra Fría, cuando un orden mundial bipolar dio paso a la globalización económica, que permitió la aparición de nuevas potencias como China. En las décadas que siguieron, EE. UU. aparentemente se convenció de que sus viejas alianzas eran más una carga que un activo.

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