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Guerras comerciales en un mundo donde el ganador se lleva todo

BRUSELAS – Debido a los nuevos aranceles comerciales del presidente Donald Trump, Estados Unidos se ha transformado y ha pasado de ser el principal promotor y paladín del sistema multilateral de comercio global a su némesis. Sin embargo, sería muy difícil para un político errático revertir repentinamente estructuras y mecanismos establecidos desde hace tiempo, de no ser por la presencia de un desplazamiento económico más fundamental.

La primera manifestación formal de las tensiones comerciales actuales se produjo en el sector siderúrgico – un sector que por excelencia es parte de “la vieja economía”, y es uno que está plagado, especialmente en China, por un enorme exceso de capacidad.

El exceso de capacidad es un fenómeno recurrente en el sector siderúrgico, y es uno que siempre produjo fricciones. En el año 2002, el Gobierno del presidente George W. Bush impuso aranceles altos a las importaciones de acero, pero dio su brazo a torcer cuando un panel de resolución de disputas de la Organización Mundial del Comercio falló en contra de Estados Unidos. Si bien las aves de rapiña del comercio del Gobierno de Trump recuerdan este fallo como una pérdida, la mayoría de los economistas coinciden en que, en última instancia, dicho fallo fue bueno para la economía de Estados Unidos, misma que no gana cuando grava un insumo importante para muchos otros sectores.

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