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El mal equilibrio de Rusia

MOSCÚ – Tras más de dos años de contracción económica, Rusia parece haber alcanzado alguna semblanza de estabilidad. Aunque se espera que el crecimiento económico llegue a apenas un 1% en 2017, da la impresión de que ha desaparecido el temor a la desestabilización, tan presente después de la invasión a Crimea de 2014, que generó dañinas sanciones por parte de Occidente. La combinación de optimismo en asuntos exteriores, comodidades inmediatas y represión interna parece ser un potente elixir.

Igual que en loa años de Leonid Brezhnev, la política exterior tiende un manto que oculta los problemas políticos internos del país. Pero a diferencia de entonces, las perspectivas rusas parecen justificar cierto optimismo. El Presidente estadounidense Donald Trump ha dejado clara su intención de mejorar las relaciones con el Kremlin y se dice que en junio se reunirá con el Presidente ruso Vladimir Putin.

Las elecciones nacionales francesas de abril también pueden apuntar en la dirección de Rusia. Tanto el candidato de centroderecha, François Fillon, como la de ultraderecha, Marine Le Pen, son ardientes partidarios de Putin, aunque también hay opciones para el centrista Emmanuel Macron, que no lo es.

Las elecciones presidenciales en la propia Rusia, que se han de realizar en marzo de 2018, parecen mucho menos tumultuosas, ya que no se esperan cambios. Putin será reelecto y Dmitri Medvedev seguirá como primer ministro, lo que parece aceptable para la mayoría de los rusos, o al menos para los cómodos moscovitas.