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Más seguridad para todos en Europa – Por un comienzo nuevo en el control de armamentos

BERLÍN – La seguridad de Europa se encuentra amenazada. Tan poco como pudimos imaginar hace unos pocos años, la preocupación por la seguridad de Europa se fija hoy en lo más alto de la agenda política.

Ya antes del conflicto de la Ucrania, se entreveía de nuevo una confrontación de bloque ya supuestamente superada desde hace mucho tiempo. No más como antagonismo entre comunismo y capitalismo, sino como disputa sobre el orden social correcto – sobre la libertad, la democracia, el Estado de derecho y derechos humanos – y como pelea de esferas de influencia.

Erdogan

Whither Turkey?

Sinan Ülgen engages the views of Carl Bildt, Dani Rodrik, Marietje Schaake, and others on the future of one of the world’s most strategically important countries in the aftermath of July’s failed coup.

Con la anexión contraria al derecho internacional de Crimea, Rusia ha puesto en tela de juicio a los principios elementales de la arquitectura de paz en Europa. Las estructuras del conflicto han cambiado dramáticamente: formas híbridas de la confrontación y agentes no estatales ganan en importancia. Las nuevas tecnologías también albergan nuevos peligros: Cibercapacidades ofensivas, drones armados, robótica, medios de lucha electrónicos, armas láser y misiles guiados a distancia. Nuevos escenarios operativos – unidades reducidas, mayor fuerza de combate, capacidad de despliegue más rápida – no están registrados por los existentes regímenes de transparencia y control. Se avecina una nueva y peligrosa carrera armamentística.

Las muestras de conflicto son otras, pero un recuerdo permanece despierto: en medio de los días más fríos de la Guerra Fría, Willy Brandt arriesgó contra mucha resistencia los primeros pasos de la política de distensión. A través de todos los impedimentos, el buscó el conjunto – y lo encontró en los Tratados con el Este y en los principios del Acta final de Helsinki. Paz en Europa, la herencia de la política de distensión, nosotros lo dimos por hecho en las últimas dos décadas. Ahora nuevamente todo está en juego. Zanjas profundas forzadas entre Rusia y el Oeste, y me temo que nosotros aun con grandes esfuerzos no las vamos a poder cerrar. Seguro es sólo: Sin estos esfuerzos la paz en Europa y más allá se desintegrará.

Las recetas del pasado no siempre ayudan, pero las enseñanzas de la política de distensión permanecen correctas: También sobre zanjas profundas hay que intentar construir puentes. A largo plazo, no debemos organizar la seguridad en Europa uno contra el otro. La seguridad no es un juego de suma cero. Tampoco debemos de dejar de buscar posibilidades y campos de seguridad cooperativa. Por ello necesitamos iniciativas de seguridad concretas.

Nadie debería hacerse ilusiones sobre las dificultades y sobre aquello que ahora es posible, sobre todo hoy en día, en un mundo fuera de sí, en medio de todos los conflictos en el Este de Ucrania, en Siria y Libia, en tiempos, en los que no estamos inmunizados contra nuevas escaladas y más reveses.

Pero precisamente por esa razón, me pronuncio en favor de una reanudación del control de armamentos como instrumento probado para la transparencia, la prevención de riesgos y el fomento de la confianza.

En lo que se refiere al trato con Rusia, el Oeste apuesta desde el Informe Harmel en 1967 por una estrategia doble de intimidación y distensión. En la cumbre de Varsovia la OTAN ha reconocido esta estrategia doble. Hemos decidido el reaseguro militar necesario, y al mismo tiempo hemos reforzado nuestra responsabilidad política para la seguridad cooperativa en Europa.

Únicamente: la intimidación es concreta y perceptible para todos. ¡Pero también la oferta a la cooperación debe ser concreta! Si no se pierde el equilibrio, se originan percepciones con defectos. Y a una espiral de escalada se le resiste poco.

Los regímenes existentes para el control de armamento y desarme se desintegran desde hace años. El Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE) que después de 1990 ayudó a destruir diez miles de tanques y armas pesadas en Europa, desde hace años ya no es aplicado por Rusia. Mecanismos de verificación del Documento de Viena llevan al vacío, Rusia se niega a una modernización necesaria. También el Tratado sobre el Régimen de Cielos Abiertos se limita. Con la anexión de Crimea el Memorando de Budapest como garantía de seguridad para Ucrania no vale para nada. La confianza construida a duras penas desde hace décadas ya no existe.

Al mismo tiempo escuchamos de Rusia reivindicaciones para un nuevo debate sobre el control de las armas convencionales en Europa. ¡Ya es hora de tomarle la palabra a Rusia!

En mi opinión, un reinicio del control de las armas convencionales debe cubrir cinco campos.

Necesitamos acuerdos que

·         definan límites regionales, distancias mínimas y medidas de transparencia (en particular en regiones militarmente sensibles, como por ejemplo el Báltico),

·         tengan en cuenta nuevas aptitudes y estrategias militares (Hoy hablamos menos de los ejércitos clásicos pesados que de pequeñas unidades móviles, por ello también deberíamos considerar por ejemplo la capacidad del transporte),

·         incluyan nuevos sistemas de armas (por ejemplo drones),

·         permitan la verificación real: aplicable velozmente, flexible y en tiempos de crisis independiente (por ejemplo por la OSCE),

·         también sean aplicables en territorios cuyo estado territorial sea discutido.

Éstas son cuestiones complejas y difíciles. Por ello queremos un diálogo estructurado con todos los socios que tengan la responsabilidad para la seguridad de nuestro continente. Un foro de diálogo importante para esto es la OSCE, cuya presidencia le corresponde en este año a Alemania.

¿Puede tal empresa tener éxito – en estos tiempos de un orden mundial erosionado y con vistas a Rusia? Admito: Esto no es seguro. Pero por ello no llevar a cabo el intento sería de poca responsabilidad. Si, Rusia ha roto principios de paz fundamentales. Sí, estos principios de integridad territorial, libre elección de alianzas y aceptación de derecho internacional para nosotros no son negociables. Pero al mismo tiempo nos debe unir el interés de evitar cualquier otra vuelta a la espiral de escalada. Nosotros compartimos la opinión que nuestro mundo se ha vuelto más peligroso: terrorismo islamista, enfurecidos conflictos en Oriente Medio, reglamentos estatales que se desmoronan, la crisis de los refugiados – todo eso nos pone en peligro a todos. Nuestra eficiencia de política de seguridad en Oeste como en Rusia está tensada a lo más extremo. Nadie gana, todos pierden, si en una nueva carrera armamentística nos agotamos mutuamente.

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Con un comienzo nuevo en el control de armamentos podemos realizar una nueva propuesta de cooperación concreta y por cierto a todos que quieran asumir responsabilidad para la seguridad de Europa.

Ha llegado la hora de intentar lo imposible…