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Poner a la juventud por delante

Todas las crisis actuales del mundo -conflictos, VIH/SIDA, desempleo- tienen una cosa en común: todas ellas afectan a jóvenes que cargan con el peso de la desesperación resultante de esos problemas, pero que también son un venero, en gran medida desaprovechado, de cambio.

Para muchos de nosotros, el mundo puede parecer un lugar antiguo. Y, sin embargo, hay 2.800 millones de personas menores de 25 años de edad de entre una población mundial de 6.000 millones. Nueve de cada diez de esos jóvenes viven en países en desarrollo. No son sólo el futuro, sino también el presente.

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Ésa es la razón por la que 170 dirigentes juveniles procedentes de 82 países van a reunirse esta semana en Sarajevo, invitados por el Banco Mundial, el Foro Europeo de la Juventud y el Movimiento Scout. No se trata de una reunión más, es una congregación de un grupo que corre el mayor peligro y que es decisivo para afrontar los imperativos de desarrollo del mundo.

Pensemos en el VIH/SIDA: de los 40 millones de persona que viven con el VIH/SIDA, más de una cuarta parte están en su juventud. Hay 121 millones de niños en edad de ir a la escuela primaria que no están escolarizados y más de la mitad de ellos son niñas... la mayoría de las cuales nunca aprenderán a leer ni a escribir.

Asimismo, los jóvenes se están viendo implicados en conflictos en todo el mundo con alarmante frecuencia, ya sea como víctimas o -cosa igualmente trágica- como soldados. Más de la mitad de los que están en edad de trabajar carecen de empleo, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo. La falta de puestos de trabajo puede propiciar un aumento de la frustración y la desesperanza en tal escala, que el consiguiente fermento social y político podría hacer que el mundo futuro fuera menos estable y seguro que el actual.

Una cosa es segura: las soluciones antiguas para problemas antiguos no funcionarán. Se debe invertir más, en forma de investigación y recursos, para entender mejor las esperanzas y aspiraciones de los jóvenes. Al fin y al cabo, están viviendo en una época profundamente confusa.

En la actualidad los jóvenes están más en contacto con el resto del mundo a consecuencia de la mundialización, pero la mayoría no tienen acceso a ella. Forman parte de una paradoja extraña y que resulta omnipresente en el mundo en desarrollo: en las aldeas de África, los jóvenes pueden comprar Coca-Cola, pero no tienen agua potable. En las ciudades pequeñas de Asia, los jóvenes disfrutan de acceso a la red Internet y tienen el mundo al alcance de los dedos, pero los regímenes de concesión de visados no les permiten viajar a lugares lejanos.

Si bien debemos abordar esos desequilibrios de la mundialización, también debemos aprovechar las oportunidades que brinda. Existe una sensibilidad universal que cada vez más jóvenes comparten, gracias a la red Internet, la música y la cultura. Debemos encontrar formas de aprovecharlo para que los jóvenes sean cauces para la paz y la armonía.

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La conferencia de Sarajevo es un paso en la dirección correcta. La conferencia versa sobre la educación, la prevención y resolución de conflictos, el comportamiento de riesgo y el empleo de los jóvenes. Los jóvenes representantes comprenden que esas cuestiones están manifiestamente vinculadas entre sí. Una mayor conciencia de sus problemas comunes debe originar un mayor activismo en pro de la formulación de programas que satisfagan las necesidades de la juventud.

Las preocupaciones de los jóvenes actuales son sinceras y urgentes. En los 25 próximos años, dos mil millones más de personas que nacerán en nuestro planeta vivirán en el mundo en desarrollo. Debemos fijar nuestras prioridades en torno a su necesidad de más oportunidades, puestos de trabajo y justicia social.