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África, la tecnología y el medioambiente

JOHANNESBURGO – La innovación tecnológica ofrece a África inmensas posibilidades. Por eso la última semana asistí a una reunión de líderes africanos en el marco del Foro Económico Mundial en Kigali (capital de Ruanda), donde examinamos de qué manera la economía digital puede impulsar el tipo de cambio radical que necesita el continente.

Pero al mismo tiempo, tuvimos que pensar en otras herramientas más antiguas que nos legaron nuestros ancestros; a saber, el pensamiento a largo plazo y el trabajo colectivo. Estas herramientas son una forma de tecnología que es preciso usar ahora para que nuestros descendientes tengan una oportunidad.

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El cambio climático será la prueba definitiva de nuestra capacidad de usar las tecnologías viejas y las nuevas para proteger el futuro de nuestros hijos.

Los africanos debemos iniciar medidas decididas para combatir la amenaza del calentamiento global; esto implica reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudarnos mutuamente a adaptarnos al cambio climático. Si no avanzamos ya en estas áreas, las generaciones futuras juzgarán nuestra inacción como costosa, injusta e inmoral.

África es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. Sin embargo, solamente es responsable de un 2,3% de las emisiones globales de CO2. Esto se debe en parte a que dos tercios de los africanos (621 millones de personas) no tienen acceso a la electricidad.

Para responder al doble desafío que suponen el cambio climático y este déficit energético, los países africanos deben ayudarse a sí mismos y mutuamente. Y los países desarrollados (principales contribuidores al calentamiento global) deben honrar las promesas que hicieron el pasado diciembre en la cumbre climática COP21 en París.

Además de volvernos a familiarizar con las viejas tecnologías del pensamiento a largo plazo y el trabajo colectivo, para que África pueda hacer frente al cambio climático será esencial el uso de tecnologías nuevas. El combate a enfermedades, pestes y sequías demanda innovaciones en biotecnología y métodos agrícolas.

Las nuevas tecnologías también pueden ayudar a África a saltarse la dependencia de los combustibles fósiles y entrar directamente en un futuro de baja emisión de carbono. El continente tiene una gran oportunidad para desarrollar nuevas estrategias energéticas respetuosas del medioambiente, que generen resiliencia y faciliten un crecimiento que beneficie a todos y reduzca la pobreza en menos tiempo. Mostramos cómo puede hacerse en la edición 2015 del Informe de Progreso de África: “Poder, personas, planeta: aprovechar las oportunidades que tiene África en temas de energía y clima”.

Las fuentes renovables reemplazarán a las fósiles en forma gradual; no puede ser de un día para el otro. África necesita una mezcla de fuentes de energía razonable y dinámica. Y sobre todo, necesita mucha más energía, ahora: el conjunto de África subsahariana (quitando de ella a Sudáfrica) hoy genera menos electricidad que España.

El estado de la educación en África es una consecuencia elocuente de la crisis energética del continente. He trabajado en educación la mayor parte de mi vida, como maestra y como ministra de educación en Mozambique. La experiencia me enseñó que el sistema educativo de un país es fundamental para su éxito y su prosperidad. Pero en muchos países africanos, el 80% de las escuelas primarias no tienen electricidad, lo que afecta seriamente la calidad de la enseñanza.

La falta de electricidad también cuesta vidas. De cada cinco africanos, casi cuatro dependen del uso de biomasa sólida (sobre todo leña y carbón) para cocinar. Eso lleva a que cada año mueran más de 600 000 personas debido a la contaminación del aire dentro de los hogares. El uso de cocinas eficientes las salvaría, liberaría a millones de niñas y mujeres de la tarea de recoger leña y generaría amplios beneficios ambientales.

Los pasos que deben dar los líderes africanos están claros. El interés nacional a largo plazo debe anteponerse a los objetivos políticos inmediatos, a los intereses creados y al favoritismo político. Los líderes africanos deben erradicar la malversación de fondos públicos, transparentar la administración de las empresas de energía (algunas de las cuales han sido centros de corrupción e ineficiencia), fortalecer las normas y aumentar el gasto público en infraestructuras energéticas. También deben redirigir los 21 000 millones de dólares que gasta África en subsidiar empresas de servicios públicos deficitarias y el consumo de electricidad (de lo que ante todo se benefician los ricos) para subsidiar en cambio inversiones en energía renovable y conexiones a la red eléctrica que lleven la energía a los pobres.

Para los líderes de los países que más emiten CO2 también hay un curso de acción claro. Deben fijar a sus emisiones un precio correcto mediante impuestos, en vez de seguir gastando miles de millones de dólares en subsidios a proyectos de exploración de nuevos yacimientos de combustibles fósiles. Los países del G-20 deben fijar un cronograma para la eliminación gradual de esos subsidios.

Y los países ricos deben movilizar la financiación internacional para el desarrollo, que puede ser fundamental para ayudar a los países africanos a satisfacer sus necesidades energéticas. El sistema de financiación para políticas climáticas (fragmentario, falto de recursos e ineficaz) no ayudó a África, y necesita una reforma total. Por desgracia, los países que más contaminan no han mostrado mucho compromiso con el Fondo Verde para el Clima de las Naciones Unidas.

También los dirigentes empresariales tienen una responsabilidad de actuar. Deben demandar la fijación de un precio al carbono, impulsar la innovación y buscar oportunidades para financiar desarrollos no contaminantes en toda África. Para este continente, el gas natural y las fuentes de energía renovables (como la energía solar, hídrica y eólica) son una oportunidad, no un riesgo. Millones de africanos desconectados y con mal acceso a la energía, que ganan menos de 2,50 dólares al día, constituyen un mercado de energía que vale 10 000 millones de dólares al año.

Algunos motivos para esperar que África logrará cambios rápidos pueden entreverse en el hecho de que hoy va a la vanguardia del mundo en la adopción de muchas tecnologías nuevas. Está saltándose las anteriores y entrando derecho a la era digital. El sistema M-Pesa usado en África oriental para la transferencia de dinero mediante teléfonos móviles está alentando el surgimiento de nuevos servicios de microfinanzas, por ejemplo el préstamo entre pares. Y hoy las bolsas de materias primas dan a los agricultores acceso a precios en tiempo real.

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Pongamos esas viejas tecnologías inmemoriales (la visión a largo plazo y el trabajo colectivo) a trabajar codo a codo con las tecnologías nuevas. Haciéndolo, la generación actual de líderes africanos tendrá una oportunidad única de proteger a las generaciones futuras de un desastre climático, cumplir la promesa de llevar la energía a todos y crear un futuro de prosperidad compartida.

Traducción: Esteban Flamini