Syrian soldiers Anadolu Agency/Getty Images

Cortar el ciclo de terror en Medio Oriente

FEZ – En julio, el primer ministro iraquí Haider al-Abadi anunció la expulsión de Estado Islámico (ISIS) de Mosul, la segunda ciudad más grande del país, que había capturado hace tres años. Tarde o temprano, también perderá Raqqa, capital del autoproclamado califato y última ciudad importante bajo su control. Pero estas derrotas no implican la caída de ISIS (mucho menos la del terrorismo islamista) ni la pronta solución de los conflictos más agudos de Medio Oriente.

Es verdad que al desdibujarse el sueño de un califato islámico, ISIS y grupos similares perderán capacidad de reclutar a jóvenes descontentos. El flujo de extranjeros con intención de convertirse en yihadistas que cruzan de Turquía a Siria para unirse a ISIS ya colapsó de 2000 por mes a unos 50.

Pero esos grupos todavía tienen poderosos anzuelos a su disposición. Sobre todo, son capaces de ofrecer a jóvenes desilusionados un sentido de pertenencia y propósito. Que eso implique asesinatos, terror y destrucción puede incluso hacerlo más atractivo para jóvenes frustrados y resentidos.

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