Ethiopia tea leaves Bartosz Nadyniak/Getty Images

Enseñanzas de una era de progreso

WASHINGTON, DC – Imagine que usted es un internacionalista comprometido que, en un período tumultuoso de la política mundial, no termina de aceptar el resultado de una muy reñida elección presidencial estadounidense, ganada por un republicano que basó en parte su campaña en un mensaje de retirada de la política exterior, contra una demócrata que representaba la continuidad del gobierno saliente.

Ahora imagine que el nuevo gobierno colaborara con otros países para ayudar a salvar 25 millones de vidas en los próximos quince años. Hasta la última parte, la situación habrá parecido muy actual para muchos lectores que todavía están tratando de hacerse a la idea de que Donald Trump es el nuevo presidente. Pero así se sentía mucha gente allá por 2001, cuando George W. Bush venció a Al Gore, tras una decisión extraordinaria de la Suprema Corte que puso fin al recuento de votos en Florida.

Ninguna comparación es perfecta, pero no hay que olvidar que a principios de este siglo gran parte del mundo también parecía sumida en el caos. En muchas partes había serias crisis económicas, y allí donde los líderes mundiales se reunieran eran recibidos por protestas. La política del gobierno de Estados Unidos hacia Medio Oriente iba totalmente a contramano de Naciones Unidas, y el extremismo violento iba en aumento.

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