coal pollution protest John MacDougall/AFP/Getty Images

Necesitamos una Corte Penal Internacional para el medio ambiente

NAIROBI – El anuncio de los ganadores del Premio Ambiental Goldman de este año es una oportunidad para celebrar a los líderes activistas. Pero también es un momento para reconocer cuánta valentía demanda sus esfuerzos (y aquellos de muchos otros más).

Cuando mi querida amiga Berta Cáceres y yo ganamos el premio en el año 2015, Berta dijo en su discurso de aceptación: “He dedicado mi vida al servicio de la madre tierra”. Poco después, Berta fue asesinada en Honduras. Su historia es trágica, pero no es única. De hecho, pocos meses después, Isidro Baldenegro López, otro ganador del Premio Ambiental Goldman murió a tiros.

Nunca ha habido un momento más peligroso para ser un activista ambiental. Considere la violencia desatada contra los defensores ambientales que protestaban contra el Oleoducto Dakota Access en Estados Unidos. La policía fue acusada de usar fuerza excesiva para tratar de dispersar a los miembros de la tribu Sioux Standing Rock y a los que la apoyan, quienes argüían que el proyecto iría a contaminar el agua y dañar sitios donde se ubican cementerios sagrados.

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