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El momento de Haití

NUEVA YORK – La suerte no ha sido amable con Haití. El dolor y el sufrimiento resultantes del terremoto del año pasado fueron ya enormes y después los han agravado el huracán Tomas y un brote de cólera. Ahora hay una tensión en aumento en torno a las elecciones que acaban de celebrarse.

Esa epidemia se ha propagado a los diez departamentos del país, así como a la capital, Puerto Príncipe. El Ministerio de Salud Pública de Haití informa de que el número de muertos se acerca a los 2.000 y el número de infectados supera los 80.000. Como muchas personas no tienen un acceso fácil a los hospitales y las clínicas, esas cifras son cálculos muy aproximados. Los equipos de las Naciones Unidas temen que el número efectivo de muertos e infectados actuales llegue a ser el doble.

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Está claro que la epidemia va a seguir extendiéndose. Depende de una cepa particularmente virulenta de cólera y de cuestiones subyacentes: un sistema nacional de salud poco sólido, condiciones sanitarias deficientes y falta de agua potable y otros servicios básicos. La Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) calculan que el brote podría afectar a unas 400.000 personas durante los seis próximos meses.

Cuando la comunidad internacional se moviliza para afrontarla, tenemos dos prioridades: en primer lugar, reducir la tasa de víctimas mortales mediante un tratamiento eficaz y, en segundo lugar, informar a la población sobre cómo cuidarse y cuidar a sus familias y sus comunidades.

Hay algunas noticias positivas, pese a lo sombrío que es el panorama general. Si bien las estadísticas epidemiológicas son alarmantes, la tasa de víctimas mortales ha disminuido en las últimas semanas: de 7,6 por ciento a 3,6 por ciento. El Gobierno de Haití, los organismos de las Naciones Unidas y la comunidad humanitaria están actuando rápidamente para aportar tratamientos y aplicar medidas preventivas. Están facilitando medios para la purificación de agua, organizando campañas de información pública en gran escala y ayudando en la construcción de centros de tratamiento.

Aun así, una cosa está clara: por admirables que sean esas medidas colectivas, no son, sencillamente, suficientes. Sin una reacción internacional inmediata y en gran escala, las vidas de centenares de miles de personas correrán riesgo. Nos corresponde a nosotros actuar con la mayor rapidez y con un despliegue completo de recursos.

De la forma más inmediata, hay una necesidad urgente de más centros de tratamiento del cólera. Se necesita más personal capacitado, médico y no médico, para hacer funcionar esas instalaciones. La OPS y la OMS calculan que harán falta 350 médicos más, 2.000 enfermeras más y 2.200 miembros de personal de apoyo más a lo largo de los tres próximos meses.

También se necesitan unos 30.000 agentes de salud y voluntarios comunitarios para ayudar a dotar de personal unos 15.000 puestos de rehidratación oral. Otros más hacen falta para enseñar y promover una higiene mejor en los campamentos y las comunidades. Reviste importancia decisiva que el pueblo haitiano en todas las comunidades esté totalmente informado sobre cómo afrontar esa enfermedad y que entienda que el cólera se cura rápidamente cuando se diagnostica y se trata rápidamente.

No se dispone de los suficientes medicamentos y materiales esenciales: comprimidos para la purificación de agua, desinfectante clorado, antibióticos, bidones, jabón, cisternas de agua y material de construcción para letrinas. Se deben reponer constantemente las sales de rehidratación oral.

No es de extrañar que la incidencia mayor del cólera se dé en los núcleos de chabolismo y en las zonas rurales de Haití, donde la población está más alejada de los puntos de asistencia. Resulta irónico que en los campamentos en los que unos 1,3 millones de personas se refugiaron después del terremoto del año pasado la incidencia sea relativamente escasa. La razón es que allí disponemos de lo necesario: ayuda médica, saneamiento y agua potable.

Para ayudar a Haití a ayudarse a sí mismo, debemos lograr un mayor alcance. Ésa es la razón por la que las Naciones Unidas y sus asociados lanzaron la Estrategia de Reacción Intersectorial contra el Cólera para Haití, una petición de financiación de 164 millones de dólares para apoyar las medidas de la comunidad internacional destinadas a contener el brote. Hasta ahora, sólo se cuenta con una financiación del 20 por ciento.

Esta crisis no va a ser a corto plazo, por lo que no podemos pensar sólo en el corto plazo al formular nuestra reacción. Millones de personas miran a la comunidad internacional en busca de supervivencia inmediata. Al mismo tiempo, se debe inscribir nuestra reacción en el marco más amplio de la recuperación y del desarrollo a largo plazo. La inversión en estructuras básicas es decisiva: agua potable, saneamiento, atención de salud, educación y vivienda duradera.

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Al mismo tiempo, debemos contribuir al fortalecimiento de las instituciones haitianas. Haití necesita un gobierno fuerte y legítimo para superar las dificultades que tiene por delante. Las recientes elecciones fueron un hito en el largo y durísimo camino del país, pero ahora las irregularidades parecen más graves que en un principio. Están aumentando las tensiones. Los dirigentes políticos deben poner el interés nacional por encima de las ambiciones personales y partidarias.

Las Naciones Unidas y sus muchos asociados internacionales ayudarán a Haití a volver a ponerse en pie, pero, a fin de cuentas, los haitianos sólo pueden mantenerse en pie por sí solos. Como pueblo, son singularmente resistentes y valientes. Necesitan y merecen nuestro apoyo, pero necesitan y merecen también una dirección nacional fuerte. Éste es el momento de Haití.