Traders work on the floor on NYSE Drew Angerer/Getty Images

La lista de deseos para 2018 de los inversores financieros

NEWPORT BEACH – Si esta Navidad los inversores financieros le escribieran cartas a Santa Claus, probablemente le pedirían que se mantenga la inusual combinación de factores que predominó durante el año que pasó: bajísima volatilidad de los mercados, auge de las cotizaciones, correlaciones que reducen el costo de mitigar el riesgo de cartera y nuevas oportunidades promisorias (como el bitcoin). Pero antes de hacer la lista de deseos, los inversores deberían analizar los riesgos que supone a más largo plazo el desacople de los mercados financieros respecto de los fundamentos económicos y políticos.

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Es comprensible que los inversores quieran más de lo mismo: cuando falta menos de un mes para que termine, 2017 va camino de ser un año de ganancias enormes, incluso históricas. Al 12 de diciembre, los mercados accionarios mundiales, y en particular el índice S&P, habían rendido cerca del 20% en el año (y esto sumado a una sólida serie multianual alcista); añádase una volatilidad inusualmente baja (en Estados Unidos, en lo que va de 2017 se registró la menor pérdida diaria en toda la historia del índice S&P 500) y se verá que los inversores no han tenido mucho de qué preocuparse.

Generalmente, una rentabilidad tan alta de las acciones se corresponde con una menor cotización de los títulos públicos (correlación negativa entre activos seguros y de riesgo). Pero en 2017 fue diferente. Pese al impresionante desempeño de las acciones, las letras del Tesoro de los Estados Unidos con vencimientos más largos cotizaban a valores más altos a principios de diciembre que al comenzar el año.

Y luego está la tremenda disparada del bitcoin. La criptomoneda tuvo este año una suba increíble, desde unos 1000 dólares por unidad a más de 16 000 al 12 de diciembre; de modo que incluso una pequeña proporción de bitcoins en la cartera supuso una diferencia sustancial para los inversores.

Esta desacostumbrada situación se explica por cinco factores principales.

·         Recuperación sincronizada del crecimiento económico mundial, que sigue cobrando impulso.

·         Avance de las políticas procrecimiento en Estados Unidos.

·         Hábil normalización (en curso) de la política monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos.

·         Productos de inversión pasiva que atraen cuantiosos flujos de fondos.

·         Grandes inyecciones de liquidez continuas de tres bancos centrales importantes – el Banco de Japón (BJ), el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco Popular de China (BPC) – que, combinadas con abundancia de efectivo en los balances corporativos, redujeron el costo de financiación de muchas familias y corporaciones.

Ahora pasemos a las noticias no tan buenas: de no mantenerse las mejoras económicas y políticas, los factores que entusiasmaron a los inversores en 2017 suponen un riesgo de que se produzca un desagradable vuelco de la fortuna. A fin de cuentas, el excelente desempeño de este año se propulsó en gran medida “tomando prestado” rendimientos de años futuros.

En relación con la mitigación del riesgo de cartera, la suba de los bonos públicos deja poco margen para que este activo tradicionalmente seguro compense una posible caída de las acciones. Por la forma en que funcionan muchos modelos de valor en riesgo, la baja volatilidad persistente provocó en numerosas áreas una concentración de posiciones que puede resultar técnicamente frágil.

En cuanto al vertiginoso ascenso del bitcoin (impulsado en parte por la creciente participación de inversores institucionales), puede ser señal de que va camino de una amplia aceptación; pero también puede ser una enorme burbuja financiera cuyo inevitable estallido provocaría daños importantes.

¿Qué deberían desear entonces los inversores para el año entrante? En general, la prioridad debería ser una mejora de los fundamentos políticos y económicos, para que convaliden mejor las altas cotizaciones actuales y sienten las bases para mayores ganancias futuras.

En Estados Unidos, esto demanda la ampliación de las políticas procrecimiento, que (como anunció hace poco el gobierno de Donald Trump) incluirán, además de las medidas desregulatorias e impositivas, un plan de infraestructura. Los países europeos también deben implementar en el nivel nacional medidas procrecimiento más puntuales y apoyar al mismo tiempo iniciativas regionales, facilitadas por la presencia de un revitalizado liderazgo francoalemán reformista y un Brexit relativamente ordenado.

En cuanto a Japón, el primer ministro Shinzo Abe debe aprovechar la mayoría decisiva que obtuvo en la Dieta tras la elección general anticipada de octubre para implementar la tercera “flecha” de la Abenomics: reformas estructurales procrecimiento. Finalmente, para promover un crecimiento estable, todos los bancos centrales del mundo con importancia sistémica (en particular la Reserva Federal, el BJ, el BCE y el BPC) deben seguir coordinando sus estrategias, con la mirada puesta en la coherencia de las políticas monetarias.

Sólo así la recuperación actual del crecimiento global echará las raíces estructurales necesarias para ser perdurable, equilibrada e inclusiva en el mediano plazo. Lo que resulta mucho más crítico en un momento de riesgo geopolítico cambiante y una dinámica incierta en materia de productividad, salarios e inflación.

Aunque en estas fiestas los inversores tal vez querrían concentrarse sólo en sus deseos inmediatos, es imperioso que armen sus listas de deseos teniendo en cuenta el panorama económico y político completo.

Traducción: Esteban Flamini

http://prosyn.org/Y51CRZ3/es;

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