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Una ONU al estilo europeo

BERLÍN/WASHINGTON, DC – En septiembre pasado, con ocasión del 75 aniversario de las Naciones Unidas, la Asamblea General adoptó una declaración histórica en que se establecía un compromiso con la “movilización de recursos” y “la demostración de una voluntad y liderazgo políticos sin precedentes” para asegurar “el futuro que queremos”. La llamada Declaración UN75 fue una declaración inspiradora. Pero, ¿llevará a un cambio significativo?

La historia sugiere que bien podría ser así. Después de todo, los aniversarios pasados de la fundación de la ONU han dado pie a importantes reformas estructurales. Por ejemplo, en el aniversario 60, los líderes mundiales crearon una Comisión de Paz para ayudar a los países en la transición desde la guerra a la paz, actualizó la Comisión de Derechos Humanos a un más sólido Consejo de Derechos Humanos y adoptó la doctrina de la “Responsabilidad de proteger” para ayudar a salvaguardar a los civiles en zonas de conflicto.

Lo que ayuda a mejorar las perspectivas de la Declaración UN75 es que refleja la voluntad de la sociedad civil. En vísperas de la Asamblea General del año pasado, la ONU realizó una encuesta global para discernir qué le importaba a la gente común. De las más de 1,3 millón de respuestas, un 87% señaló que la cooperación internacional era vital para enfrentar los retos actuales.

Además, la ONU apoyó más de 3000 diálogos en 120 países sobre “el futuro que queremos, la ONU que necesitamos”. Los resultados de estos diálogos –que tuvieron lugar en “aulas, salas de juntas, parlamentos y grupos comunitarios”- ayudaron a dar forma a la declaración.

Al mismo tiempo, los gobiernos regionales han estado trabajando por resucitar la cooperación multilateral. Por ejemplo, el abril de 2019 el Ministro alemán de Exteriores Heiko Maas y el Ministro francés de Exteriores Jean-Yves Le Drian lanzaron la Alianza por el Multilateralismo para promover la cooperación global en tiempos de resurgimiento de los nacionalismos. La Alianza cuenta hoy con el apoyo más de 50 países.

De manera similar, en febrero pasado los líderes del G7, incluido el Presidente estadounidense Joe Biden, proclamaron que trabajarían juntos para “hacer del 2021 un punto de inflexión para el multilateralismo”, teniendo la cooperación en la recuperación de la pandemia y el “reconstruir mejor” como principales prioridades.

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Los países también están apoyando la Declaración UN75 en particular. Dos meses después de su adopción unánime, diez jefes de estado y de gobierno, convocados por España y Suecia, hicieron pública una declaración conjunta reiterando su compromiso con la Declaración y la ambición que encarna y llamando a hacer reformas a los tres principales órganos de la ONU para crear “una organización más ágil, efectiva y responsable” que pueda “entregar mejores resultados”.

Todo esto permite augurar un buen futuro para el multilateralismo. Pero transformar las palabras en acciones raramente es un asunto fácil, especialmente cuando participan tantos actores con tantas visiones e intereses contrapuestos. El desafío por delante es más formidable en tiempos en que ganan fuerza los nacionalismos y populismos en varias partes del planeta. Para enfrentarlo satisfactoriamente debemos mirar a Europa.

La Unión Europea ha sido un adalid fiable del multilateralismo. Por ejemplo, en febrero la Comisión Europea y el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell, hicieron público un comunicado conjunto para fortalecer la contribución de la UE al multilateralismo basado en normas.

De manera similar, la Canciller alemana Angela Merkel, el Presidente francés Emmanuel Macron, el Presidente del Consejo Europeo Charles Michel y la Presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen se unieron al Secretario General de las Naciones Unidas António Guterres y al Presidente senegalés Macky Sall en un llamado a un multilateralismo más inclusivo.

El liderazgo de Europa en este tema tiene sentido. Aunque a menudo se acusa a la UE de ser lenta, tener aversión al riesgo y ser inflexible, destaca por su éxito en forjar una política supranacional efectiva y reunir recursos para enfrentar retos en común. Además, los europeos se caracterizan particularmente por apoyar la cooperación internacional. En la encuesta de la ONU, más del 90% de los europeos -varios puntos por encima del promedio global- la describieron como “muy importante” o “esencial”.

Aprovechando el ejemplo del activo multilateralismo europeo, nuestras organizaciones, la Robert Bosch Stiftung GmbH y el Stimson Center, junto con otros socios, convocaron a autoridades y expertos de Europa y el resto del mundo a debatir cómo hacer que la Declaración UN75 sea una realidad. Identificamos varios imperativos clave.

Por ejemplo, para aminorar la presión sobre el Consejo de Seguridad de la ONU y el sistema humanitario internacional, los líderes mundiales deben abordar las causas fundamentales de los conflictos. Esto significa, por ejemplo, que se satisfagan las necesidades sociales básicas, se mejore la representación política y se fortalezcan las instituciones de gobierno nacionales y regionales.

Más aún, debemos enfrentar la “crisis de experticia” –incluido el creciente escepticismo sobre la ciencia- que está socavando los programas de vacunación contra el COVID-19 y los esfuerzos de mitigación climática, lo que se puede lograr mediante campañas de difusión nacionales e internacionales que impulsen la confianza y combatan la desinformación.

Un tercer imperativo es cambiar la arquitectura y el enfoque de las instituciones financieras globales y regionales, con el fin de ir cerrando las brechas de participación digital, fomentar la educación y avanzar en la igualdad de género. Igual de importantes son las reformas a los marcos legales y normativos para enfrentar los retos del mundo digital y real de hoy en día.

Las soluciones multilaterales pueden ser arduas de idear, acordar e implementar, lo que las puede hacer parecer ineficientes y poco económicas, con los actores suponiendo que sería mejor ir por su cuenta. Y, sin embargo, como Europa lo ha demostrado una y otra vez, las soluciones generadas por los procesos multilaterales tienden a ser más inclusivas, efectivas y duraderas. Europa debe su más prolongado periodo de paz y estabilidad a estos procesos.

Eso, por sí solo, debería hacer que UE preste algunas lecciones valiosas para la renovación de la ONU. Una ONU inclusiva, adaptable y empoderada que tenga en cuenta la experiencia de la UE puede sentar un sólido cimiento para un orden internacional basado en normas que promueva la paz y estabilidad globales, al tiempo que facilite acciones para los retos en común. Una institución así no podría ser más merecedora de nuestro firme compromiso y atención.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

https://prosyn.org/V5UBqT1es