Indian laborers get free medical attention at a street clinic run by a local NGO Kevin Frayer/Getty Images

Cómo la corrupción impide la cobertura universal de salud

ISLAMABAD – La mitad del planeta carece de acceso a servicios de salud esenciales. Para muchas personas, pagar una visita al doctor, conseguir medicamentos, pedir información sobre planificación familiar o incluso vacunarse contra enfermedades comunes es una elección entre cuidar la salud o evitar la pobreza. Y hoy más que nunca, un enemigo bien conocido está degradando las opciones sanitarias al alcance de los pobres.

En muchos países de ingresos bajos y medios, los sistemas sanitarios se enfrentan a la persistencia de la corrupción, el gasto inadecuado y el despilfarro de recursos. Yo crecí en Pakistán y vi los extremos a los que llega la gente para obtener atención médica; por ejemplo, familias que se ven obligadas a vender ganado y otros elementos de valor para pagar facturas médicas exorbitantes.

Lo que más asombra es que el flagelo de la pobreza por causas sanitarias sigue cobrándose víctimas. De hecho, en algunos países, todos los días alguien cae en la pobreza por el alto costo de la atención médica.

En un viaje reciente a África, oí la estremecedora historia de un hospital que rutinariamente mantiene de rehenes (a menudo por meses) a madres y sus bebés recién nacidos, hasta que las familias pueden reunir dinero para saldar sus cuentas. Según investigadores de la Universidad de California en San Diego, la corrupción, el despilfarro y el cobro indebido cuestan a pacientes y sistemas sanitarios miles de millones de dólares al año. En Estados Unidos, la facturación fraudulenta se lleva hasta un 10% del gasto público en salud, mientras decenas de millones de personas tienen problemas económicos para acceder a atención médica.

Mejorar la situación sanitaria demanda más gasto público, pero también poner fin a prácticas dudosas que despojan al sistema sanitario de recursos cruciales. La pregunta es cómo hacerlo.

En muchos sistemas sanitarios de todo el mundo, la corrupción y la colusión están institucionalizadas. Se calcula que de los 6,5 billones de dólares que se gastan cada año en salud, unos 455 000 millones se pierden, se usan mal o se malversan. En síntesis, el costo de la atención médica está arruinando a algunas de las personas más pobres del planeta porque muchos de los más ricos se llenan los bolsillos.

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Cada vez hay más consenso en que una atención médica accesible y de calidad es un derecho humano básico. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas incluyen la cobertura sanitaria universalcomo una de sus metas. Y no sólo la han adoptado las naciones ricas: países con variados sistemas sanitarios y recursos limitados, como Tailandia, Costa Rica o Ruanda, han dedicado fondos y capital político a convertir en realidad la cobertura universal.

Ya se están tomando medidas para ayudarlos. El año pasado, Japón comprometió 2900 millones de dólares para ayudar a los países en desarrollo a alcanzar la cobertura universal de salud. Y el Banco Mundial señaló que estudia vincular la calificación crediticia de los países con sus inversiones en capital humano, incluido el gasto en salud.

Pero esos gestos loables (y tardíos) no bastarán para eliminar las barreras a la provisión de servicios sanitarios de calidad. Mientras la corrupción, el robo y el gasto ineficiente y dispendioso no tengan una respuesta más vigorosa, la cobertura universal de salud seguirá siendo sólo un deseo.

Felizmente, cada vez hay más compromiso de los gobiernos con resolver la crisis de la corrupción. Los organismos públicos de control vigilan cada vez más de cerca la evasión y el fraude impositivos (dos delitos comunes). La evasión fiscal no sólo posibilita el lavado de dinero, sino que también despoja al sector público de importantes recursos. Esa es una de las razones por las que la ONU designó la reducción de flujos financieros ilícitos como un componente clave del logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Puestos de acuerdo en la necesidad de combatir la corrupción en el sector sanitario, el reto más difícil será elaborar soluciones viables. Los ministerios de economía y finanzas nacionales y los organismos anticorrupción deben fortalecer la cooperación en prevención, detección y fiscalización. También puede ser útil mejorar la transparencia de los sistemas financieros, y que las organizaciones civiles, los periodistas y los pacientes demanden más rendición de cuentas de los gobiernos y los proveedores de servicios médicos.

En el futuro, nuevas tecnologías como la minería de datos, la inteligencia artificial y el blockchain tal vez ofrezcan nuevos modos de detectar ilícitos en el sector sanitario, por lo que es necesario investigar a fondo estas y otras herramientas.

Ampliar el acceso a servicios sanitarios y proteger las finanzas del sector son desafíos entrelazados que la comunidad internacional debe encarar en forma conjunta. Es imperioso actuar sin demora. La incidencia de enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes y la enfermedad cardiovascular está creciendo en forma casi exponencial, y en muchos países, la falta de acceso a atención de calidad agravará los problemas de gobernanza actuales.

Los estrategas del desarrollo saben que la enfermedad es la antesala de la pobreza y un obstáculo para su eliminación. Hoy unos 800 millones de personas gastan en salud al menos 10% del presupuesto familiar, y a menudo se endeudan para pagar los tratamientos que necesitan. Que tanta gente no pueda pagarse una visita al doctor es una verdadera vergüenza. El mundo necesita la cobertura sanitaria universal; pero para lograrla, primero hay que tratar la salud del sistema sanitario mismo.

Traducción: Esteban Flamini

http://prosyn.org/xSM8yFF/es;

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