A chemical and mineral oil storage facility is seen at Hamburg Port Morris MacMatzen/Getty Images

Por qué los mercados no pueden enfriar el planeta

MILWAUKEE – Con el rápido ascenso de las temperaturas globales, ha ganado ímpetus la carrera por reducir el consumo de combustibles fósiles y acelerar la adopción de formas de energía más ecológica. Algunas de las soluciones más polémicas son las que usarían las fuerzas del mercado para encarecer los combustibles tradicionales. Por ejemplo, poner precio al carbono y proteger los recursos naturales que eliminan de la atmósfera el dióxido de carbono.

A primera vista, las estrategias de mercado podrían parecer atractivas. Después de todo, como notó Adam Smith en La riqueza de las naciones: “No esperamos cenar gracias a la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero, sino gracias a que ellos cuiden sus propios intereses”. En otras palabras, la mejor manera de convencer a emisores como Chevron o General Motors de ayudar a salvar el planeta sería apelar a su motivación de obtener ganancias, ¿no?

No necesariamente. Si bien el libre mercado ha llevado a gran parte del mundo a un futuro en que se disfruta de más riquezas y sanidad, confiar en la “mano invisible” de Smith para ganar la lucha contra el cambio climático sería un trágico error.

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