Mohamed El-Shahed/Getty Images

La trampa de las autocracias árabes

TEL AVIV – Ya pasaron más de seis años desde el inicio de la Primavera Árabe, y para la mayoría de los árabes la vida es peor que en 2011. El desempleo cunde en Medio Oriente y el norte de África, donde la edad de dos tercios de la población está entre los 15 y los 29 años. Y los regímenes regionales clausuraron los canales de expresión política y respondieron a las protestas populares con brutalidad creciente.

Los gobiernos de Egipto, Arabia Saudita y, hasta cierto punto, Marruecos, son el vivo retrato de la aparente incapacidad de los regímenes árabes para escapar de la trampa de la autocracia, en momentos en que hay señales de la inminencia de otro despertar popular.

Egipto es un ejemplo clásico de cómo las revoluciones suelen terminar en decepción. La dictadura del presidente Abdel Fattah el-Sisi es todavía más violenta que la de Hosni Mubarak, el déspota expulsado por el levantamiento de 2011 tras treinta años en el poder. Con ayuda de una fuerza policial que él mismo describe como una “mafia de un millón de hombres”, Sisi hizo de la represión el principio organizador fundamental de su régimen.

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