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Por qué un ingreso básico universal es mala idea

BOSTON – La falta de una red de seguridad social adecuada en Estados Unidos y otros países desarrollados impulsa el interés en propuestas para la creación de un ingreso básico universal (IBU). La brecha entre los ricos y el resto se ha ampliado considerablemente en años recientes, y muchos temen que la automatización y la globalización la ensanchen todavía más.

No hay duda de que si la única opción es entre el empobrecimiento masivo y un IBU, es mejor lo segundo. Un programa de esta naturaleza permitiría a los destinatarios usar el dinero para los fines que les resulten más valiosos; crearía un amplio sentido de posesión y un nuevo electorado capaz de sacudir el sistema político plutocrático. En diversos estudios sobre programas de transferencia condicional de efectivo en economías en desarrollo se halló que esas políticas pueden empoderar a las mujeres y a otros grupos marginados.

Pero la del IBU es una idea defectuosa, sobre todo porque sería extremadamente cara, a menos que se acompañara de grandes recortes en el resto de la red de seguridad. En Estados Unidos (población: 327 millones), un IBU de sólo mil dólares al mes costaría unos cuatro billones de dólares al año, cifra cercana a todo el presupuesto federal en 2018. De no mediar grandes ahorros en otras áreas, habría que duplicar la recaudación impositiva de los Estados Unidos, lo cual generaría enormes costos distorsivos sobre la economía. Y no: un IBU permanente no puede financiarse con deuda pública o emisión monetaria.

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