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Una prueba de realidad fiscal para los republicanos estadounidenses

NUEVA YORK – El primer objetivo legislativo de gran magnitud del presidente estadounidense Donald Trump: “derogar y reemplazar” la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible del año 2010 (“Obamacare”) ya ha implosionado, esto ocurrió debido a la ingenuidad de Trump y de los republicanos del Congreso sobre las complejidades de la reforma de salud. Su intento de sustituir una ley imperfecta pero popular, por una pseudoreforma que privaría a más de 24 millones de estadounidenses de recibir atención médica básica estaba condenado al fracaso – o a sacar de sus escaños a los miembros republicanos del Congreso que van a participar en las elecciones de mitad de mandato en el año 2018, si dicha reforma hubiera sido aprobada.

Ahora, Trump y los republicanos del Congreso están llevando a cabo la reforma tributaria – comenzando con los impuestos sobre la renta de las empresas y luego desplazándose a los impuestos sobre la renta personal – como si esto fuera más fácil. No lo será, sobre todo porque las propuestas iniciales de los republicanos añadirían millones de millones de dólares a los déficits presupuestarios y canalizarían más del 99% de los beneficios al 1% en la parte superior de la distribución del ingreso.

Un plan presentado por los republicanos en la Cámara de Representantes de Estados Unidos para reducir la tasa de impuesto sobre la renta de las empresas del 35% al ​​15%, y para compensar los ingresos perdidos con un impuesto de ajuste de frontera (IAF), está ya muerto de entrada. El IAF no tiene suficiente apoyo incluso entre los republicanos, y violaría las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Los recortes de impuestos propuestos por los republicanos crearían un déficit de ingresos de 2 millones de millones de dólares durante la próxima década, y no pueden tapar ese agujero con ahorros en los ingresos de su plan de reforma de salud o con los $1,2 millones de millones que se podría esperar recibir de un IAF.

Los republicanos ahora deben elegir entre aprobar sus recortes de impuestos (y agregar $2 millones de millones a la deuda pública) o llevar a cabo una reforma mucho más modesta. El primer escenario es improbable por tres razones. En primer lugar, los republicanos que son congresistas fiscalmente conservadores se opondrán a un aumento imprudente de la deuda pública. En segundo lugar, las normas presupuestarias del Congreso exigen que todo recorte de impuestos que no esté totalmente financiado por otros ingresos o recortes de gastos debe expirar dentro de un período de diez años, por lo que el plan de los republicanos tendría solamente un impacto positivo limitado sobre la economía.