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La vía a la seguridad alimentaria

ROMA – No hace mucho, iba yo por la carretera en el distrito de Choma meridional (Zambia) para reunirme con Rosemary Pisani, pequeña agricultora y madre de ocho hijos que luchó con grandes dificultades a fin de alimentar a sus hijos antes de ingresar en una cooperativa agrícola para criar cabras. Gracias a la cooperativa y al apoyo de los demás agricultores, ahora tiene un negocio floreciente y todos sus hijos están escolarizados.

Por el camino, me crucé con mujeres que caminaban por el barro camino del mercado con grandes cargamentos de fruta y hortalizas apilados sobre su cabeza. Imaginé lo diferente que sería con la carretera pavimentada y bien mantenida.

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En África, las pocas carreteras pavimentadas existentes están con frecuencia cubiertas de baches y conducen a pistas que resultan casi imposibles de recorrer  sin un vehículo apropiado. En las inmediaciones de las comunidades agrícolas, las carreteras desaparecen enteramente, con lo que las zonas rurales, que podrían alimentar a los más de mil millones de personas hambrientas existentes, permanecen aisladas. En el África subsahariana, casi el 70 por ciento de todas las personas que viven en zonas rurales tienen que caminar más de 30 minutos hasta llegar a la carretera bien mantenida más cercana.

Kofi Annan, Presidente de la Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA), ha reconocido ese aislamiento: “La pequeña agricultora africana media está sola en la vida. Carece de seguro contra las irregularidades de los ciclos meteorológicos, no recibe subvenciones y no tiene acceso al crédito. Digo “agricultora” porque la mayoría de los pequeños agricultores de África son mujeres”. De hecho, la mitad de los pequeños agricultores del mundo son mujeres y debemos tener presente su penosa tarea de caminar grandes distancias para llevar sus productos hortícolas al mercado.

En el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), creemos que se debe considerar la agricultura, independientemente de su tamaño o su escala, un negocio y a los pequeños agricultores como propietarios de pequeños negocios, en lugar de personas pobres que necesitan donativos. Cada vez se reconoce más que dichos pequeños agricultores y sus comunidades rurales son una parte importante de la solución para la inseguridad alimentaria y la pobreza... pero sólo en caso de que tengan lo que necesitan para hacer su trabajo.

La “revolución verde” del siglo pasado tuvo unas repercusiones enormes en las cosechas y en la producción de alimentos, al transformar la vida de millones de personas. Gran parte de aquel éxito se debió a la infraestructura ya existente. La densidad de carreteras de la India al comienzo de su “revolución verde” en el decenio de 1970 era de 388 kilómetros por 1.000 kilómetros cuadrados, frente a 39 kilómetros por 1.000 kilómetros cuadrados en la Etiopía actual y 71 por 1.000 en el Senegal.

Las nuevas carreteras aportan otros servicios esenciales a las comunidades rurales. En Etiopía, sólo el 2 por ciento de los habitantes de zonas rurales tienen acceso a la electricidad y la comunicación telefónica es prácticamente inexistente. Los investigadores creen que se debe a que sólo el 17 por ciento de las comunidades rurales del país viven a una distancia de menos de un kilómetro y medio de una carretera pavimentada.

Además de las deficientes infraestructuras, muchos pequeños agricultores de África no tienen acceso suficiente a los activos productivos, como, por ejemplo, la tierra, el agua y las nuevas tecnologías. A consecuencia de ello, las cosechas suelen ser demasiado pequeñas para permitir a los millones de familias rurales obtener superávits comercializables. Aunque los pequeños agricultores pueden producir un superávit, su falta de acceso a las actividades ulteriores, como, por ejemplo, las de elaboración y comercialización, les impide vender fácilmente.

La causa de la falta de esos recursos decisivos radica en la vergonzosa desatención que ha padecido la agricultura en los dos últimos decenios. Tanto los países en desarrollo como los desarrollados, atrapados en una expansión económica y un desarrollo tecnológico rápidos, se distrajeron al respecto. Cerraron el grifo para la agricultura, con lo que dejaron a los pequeños agricultores en un estado de dependencia de los usos agrícolas básicos y de los donativos de los gobiernos y de los donantes.

Hay que volver a abrir ese grifo. Conforme a la experiencia del FIDA, conseguir simplemente el doble de la renta de un pequeño agricultor que va tirando con menos de un dólar al día forma parte de la gestión de la pobreza, porque con dos dólares al día sigue siendo pobre, pero apoyar a un pequeño agricultor para que lance un negocio agrícola con el que podría aumentar cinco veces su renta equivale a erradicación de la pobreza.

Para brindar a las pequeñas explotaciones agrícolas la oportunidad de que lleguen a ser negocios viables, es esencial que estén conectadas con los mercados. De hecho, el apoyo a la infraestructura rural –incluidas las carreteras que deberían existir en el último kilómetro y medio, la electrificación, las instalaciones para después de la cosecha, la ayuda a las asociaciones y cooperativas agrícolas y el acceso a la tierra y las instalaciones de riego– es un elemento decisivo en la cadena de valor.

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Hay que fortalecer cada uno de los eslabones de la cadena de valor, desde el pequeño agricultor hasta los agentes comerciales y los elaboradores locales de productos agrícolas hasta los mercados nacionales y regionales, Hay que poner a los productores de alimentos en contacto con quienes necesitan sus productos mediante infraestructuras viables y bien mantenidas. Además, tenemos que brindarles investigaciones y tecnología para velar por que puedan producir las hortalizas de máxima calidad y capacidades de almacenaje para que puedan vender a los preciosmáximos.

Si los pequeños agricultores tienen las infraestructuras básicas que necesitan para llevar sus productos al mercado, no sólo podrán alimentarse y alimentar a sus comunidades, sino que, además, contribuirán a ampliar la seguridad alimentaria. Simplemente debemos asfaltar las carreteras para que agricultores como los que yo vi en Zambia puedan avanzar con mayor facilidad hacia la seguridad alimentaria.