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El Verdadero Bloqueo de Cuba

Raúl Rivero Casta Z eda, destacado poeta y disidente cubano, fue sentenciado a 20 años de prisión esta semana por organizar una campaña que pedía elecciones libres. Escrito algunos meses antes de su arresto, este artículo detalla sus objeciones al régimen de Castro.

La Habana.- En una bicicleta china marca Forever , bajo el sol del Caribe después de comer un pedazo de pan y un café impuro, es muy difícil meditar sobre el embargo de Estados Unidos al gobierno de Cuba.

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Ese hombre está pensando en el almuerzo. En el suyo y en el de su familia porque eso es lo que reclama la servidumbre de la carne.

El pensamiento abstracto mora en otros ámbitos y requiere tiempo para meditación, necesita noticias y razones para ponerse a reflexionar sobre un asunto que, a primera vista, puede parecer de otra galaxia.

Es que los cubanos de la calle, la gente llana y sencilla de este país, vive agobiada por un embargo íntimo, personal como una prenda de vestir que incluye una venda en los ojos y una especie de bozal invisible.

Para muchas personas aquí adentro el debate del embargo americano pasa a un plano secundario, a un rincón apartado, ante la presencia del bloque doméstico.

Se ve el viejo asunto entre los dos gobiernos como una materia inasible. Cuestiones de la alta política, una encrucijada para hombres y mujeres que leen periódicos fabricados en oficinas del Partido Comunista, ven dos canales de televisión que tienen la misma hechura y escuchan una radio con un discurso de disco rayado.

No fluye la información, se lee y se recibe pura propaganda y el público sospecha de los argumentos gubernamentales, pero no hay espacios para su voz. De ahí que se calle y, desde luego, se otorgue por obligación.

La realidad es que la gente quiere cercanía con un país vecino en el que viven amigos y hermanos, madres y padres, hijos y sobrinos. Quiere aproximarse limpiamente a una cultura que nunca ninguna ola ideológica ha logrado arrasar, pero se quieren esos contactos normales desde un entorno de libertad individual.

Antes que resolver los problemas entre los dos gobiernos, Cuba quiere allanar las diferencias entre la sociedad y sus propios gobernantes. Quiere el hombre de a pie poder abrir un pequeño negocio, acceder a una prensa libre, agruparse en partidos políticos, rehacer la sociedad civil, liberar a los presos.

Aquí, el verdadero embargo, el que toca el devenir diario del ciudadano, es el que impone las líneas maestras del sistema. Ese dogal es el que mantiene inmóvil, congelada y pobre a la sociedad.

Se sabe que esas autoridades se muestran como víctimas de un gigante poderoso que trata de asfixiar a un país y a una nación unánime. Ese rostro de víctima no es el que se ve desde adentro.

Primero, no hay ninguna unanimidad, sino una medianía conseguida con mordazas. Con la gradería, con los grandes sectores de la población, la nomenclatura se porta como dice que se portan con ella sus enemigos.

El hombre no nació para pasar su vida en una consulta médica o en una escuela, se supone que haya nacido libre para tratar de conseguir plenitud y felicidad junto a su familia y amigos.

Las fortunas que gasta el gobierno en convencer a otros países sobre las bondades de su salud publica y su educación tendría mejor destino en el mapa de Cuba, donde los servicios de medicinas son cada día más precarios y el sistema de enseñanza no pasa de un método de adoctrinamiento político adocenado.

Nadie puede decidir qué tipo de formación recibirá su hijo. Si, en efecto, se resuelven algunos temas básicos de la salud, es para producir un ser humano dependiente y sumiso ante la voluntad de un grupo de personas que se hace elegir cada cierto tiempo mediante unas elecciones peculiares, donde la lista de la oposición es un vacío

Se habla de la libertad y la voluntad de las grandes masas. La soberanía del ser humano, el libre albedrío es una especie de atroz pecado.

En las ultimas semanas, unas tres docenas de activistas de derechos humanos, periodistas alternativos y otros representantes de la incipiente sociedad civil, ha ido a parar a la cárcel y se le preparan procesos judiciales.

En Cuba se vive en medio de la cresta de una ola de propaganda que cubre los avatares de la vida cotidiana y destaca un clima de regocijo popular, de alegría de caballo capado que encandila a los inocentes, entusiasma a los ignorantes y reconforta a los frustrados.

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Para los hombres y mujeres de adentro, consignas y rigor y esquema muertos. De ahí, que cientos, miles de jóvenes se lancen a conseguir el futuro mediante empresas y desafíos riesgosos y personales.

Sienten que alguien ha dado un gran portazo al porvenir de la nación. Entonces salen a labrarse el suyo.