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La lucha contra la malaria

LONDRES – El tsunami en Japón, el terremoto en Haití, y el huracán Katrina se cuentan entre las principales catástrofes naturales recientes. La enorme devastación cobró miles de vidas, destruyó infraestructura vital y paralizó economías. Las comunidades afectadas no podían ser más distintas ente sí, y sin embargo, las semejanzas de las respuestas son notables. Las muestras de apoyo mundial pusieron de relieve de lo que es capaz la humanidad en sus mejores momentos.

Si bien el apoyo internacional en tiempos de crisis demuestra una respuesta moral aparentemente innata ante el sufrimiento de los demás, también pone de relieve con una claridad inquietante que es difícil alcanzar el mismo nivel de empatía cuando la crisis es crónica y no súbita, imprevista y dramática.

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Uno de los desafíos más graves para la salud global es la malaria, que cobra más de 800,000 vidas cada año, principalmente entre los niños africanos. Según la Alianza para Hacer Retroceder el Paludismo, 2,000 niños mueren diariamente por esa enfermedad. Sin embargo, a diferencia de lo que pasa después de una catástrofe natural, no hay fotógrafos que capturen el alcance de esta tragedia. La pérdida de vidas es igual de devastadora pero, sin la profusión de imágenes terribles, es mucho más fácil permanecer indiferentes ante las victimas de la malaria.             

Las muertes por la malaria son ni más ni menos una cuestión moral. Por eso las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Mundial, la Tony Blair Faith Foundation, los jefes de Estado africanos y muchos otros gobiernos, organizaciones e individuos se han sentido obligados a actuar.

En 2008,  el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, anunció el objetivo de garantizar un acceso universal a medidas de control de la malaria a todas las personas que están en riesgo de contraerla para finales de 2010, y la meta final de alcanzar un nivel de muertes por malaria de casi cero para 2015.

Desde que se establecieron esas metas se han hecho grandes avances. Cientos de miles de vidas se han salvado y ahora la comunidad internacional está redoblando sus esfuerzos para cumplir el objetivo de 2015. Hace tres años, cuando se comprometieron fondos nuevos por más de tres mil millones de dólares para el esfuerzo contra la malaria, los mosquiteros y los insecticidas para uso en interiores protegían a menos del 20% de la población en riesgo en África. Actualmente, la proporción es de más del 90%.

Eso se logró únicamente por el compromiso de los líderes, organismos e individuos que comprendieron que la reducción de la malaria no es sólo una oportunidad sino una responsabilidad.

Ninguna organización encarna mejor el imperativo moral de acabar con las muertes por malaria que la Alianza de Líderes Africanos contra la Malaria (ALAM). Creado bajo el liderazgo del presidente Jakaya Kikwete de Tanzania, con el apoyo de la Unión Africana, durante la reunión de la Asamblea General de la ONU celebrada en septiembre de 2009, el grupo ha traído el apoyo y la responsabilidad de los gobiernos a los esfuerzos combinados que se llevan a cabo para detener y revertir la propagación de la malaria en el continente.

Reconociendo que la muerte de un niño debido a la picadura de un mosquito es inaceptable en el siglo XXI, los líderes de la ALAM entienden que el modo más efectivo de consolidar los avances recientes es asumir el liderazgo para superar el desafío. Están tomando medidas concretas, tales como eximir a las acciones esenciales para el control de la malaria de impuestos y aranceles que añaden costos innecesarios a los artículos que salvan vidas, y comprar esos artículos al mayoreo para reducir gastos.

Tal vez lo más efectivo de todo es una innovadora “tarjeta de desempeño” que se está elaborando para dar seguimiento a la lucha para acabar con las muertes por malaria y para identificar los problemas que surgen antes de que lleguen a un estado crítico. La tarjeta estará disponible para todos.

Si bien los dirigentes políticos africanos son responsables en última instancia de proteger a sus ciudadanos, las comunidades de fe comparten firmemente este compromiso. La Tony Blair Faith Foundation está realizando una campaña global, Faith Act, la cual hace un llamado para que las comunidades de fe participen más en la prevención de las muertes por malaria. Los seguidores de todas las religiones en 106 países han respondido  al llamado.

Aunque es difícil obtener estadísticas precisas, la Organización Mundial de la Salud estima que las comunidades de fe ofrecen, en promedio, 40% del total de los servicios de salud en el África subsahariana.

Lo que está favoreciendo a las comunidades de fe son las redes, la infraestructura y los dirigentes influyentes que difunden mensajes de salud. En muchos casos, pueden llegar a las zonas rurales más inaccesibles para ofrecer los servicios. Cuando tienen suficientes recursos, los dirigentes religiosos pueden adoptar enfoques holísticos para acabar con las principales enfermedades mortales y usar sus redes efectivamente para inmunizar y combatir las pandemias.

En Nigeria, que representa una cuarta parte de las muertes por malaria en el continente, la Asociación Interfaith Action ha sido particularmente eficaz en formar a los líderes religiosos para difundir los mensajes de salud contra la malaria y para usar correctamente los mosquiteros. Esta iniciativa ha recibido el respaldo del sultán de Sokoto, Sa’ad Abubakar III, el principal dirigente musulmán del país, y del arzobispo católico de Abuja, John Oneiyekan. Hay una oficina de organización central y un equipo que operan de tiempo completo para coordinar este programa. Si tiene éxito, el impacto será enorme –no solo en Nigeria.

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Por ejemplo, Sierra Leona, con su escasa población, excelentes relaciones entre cristianos y musulmanes y duro combate para mejorar su sistema de salud después de los estragos de la guerra civil, ha tenido una larga relación con el Reino Unido. La fundación Tony Blair ha mantenido consultas con los líderes religiosos y con la Asociación Interfaith para desarrollar un programa nacional con el ministro de salud con el fin de promover los principales mensajes de salud pública, participar en la enseñanza del uso de los mosquiteros y utilizar los activos de salud y las redes de las comunidades de fe.

Ahora no es el momento de la indiferencia. Se han hecho avances significativos; ahora debemos consolidarlos. Puesto que la ayuda internacional va a ser objeto de recortes en todo el mundo, debemos recordar que la malaria es una “catástrofe natural” que devasta comunidades cada segundo de cada día. Los terremotos, los tsunamis y los huracanes no pueden prevenirse. La malaria sí.