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Dónde debemos vacunar

KARACHI/GANDHIDHAM-GUJARAT – Debido a que actualmente se expanden brotes de sarampión a lo largo y ancho de Europa y del medio-oeste de Estados Unidos, y la meningitis infecta a estudiantes universitarios estadounidenses, los expertos en salud llevan a cabo lo que nunca pensaron que tendría que hacer, nada menos que a principios del año 2017: recordar a la población de los países desarrollados que las vacunas realmente salvan vidas.

Tal vez las vacunas se constituyen en víctimas de su propio éxito: funcionan tan bien en cuanto a proporcionar protección contra ciertas enfermedades que muchas personas en Occidente han olvidado cuán devastadoras pueden ser las enfermedades prevenibles. Los recientes brotes en Estados Unidos y Europa actúan como recordatorios para los padres sobre que dejar de vacunar a sus hijos se constituye en un juego con posibles resultados mortales.

Lamentablemente, en muchas otras partes del mundo, particularmente en el sur de Asia, los padres no necesitan recordatorios sobre que la inmunización salva vidas. Lo que necesitan es acceso a las vacunas.

Los brotes de enfermedades prevenibles, que son tan raros en los países occidentales, ocurren con demasiada frecuencia en una región que alberga al mayor número de niños no vacunados del mundo. A principios de los años ochenta, uno de autores casi pierde a su hijo a causa de la meningitis bacteriana, porque en ese momento no había ninguna vacuna disponible en Pakistán. El niño se recuperó completamente, pero sólo debido a que fue diagnosticado de manera temprana y recibió atención en un hospital de primera clase, que está fuera del alcance de muchos padres en Pakistán. Asimismo, se procedió posteriormente a vacunar a los hermanos del niño, pero sólo cuando se pudo conseguir suministros de la vacuna en Estados Unidos y una persona los llevó consigo hasta Pakistán.

Afortunadamente, hoy en día tales esfuerzos son mayormente innecesarios. En promedio, en la actualidad 90% de los niños en Asia meridional reciben vacunas para prevenir enfermedades como el tétanos, la gripe, la difteria y la tos ferina, y el número de recién nacidos protegidos contra la Hepatitis B ha aumentado en casi un 60% durante la última década. Por otra parte, después de extensas campañas de vacunación, seis países de la región fueron declarados libres de poliomielitis en el año 2014. Únicamente aquellas personas que viven en zonas marginadas y remotas permanecen sin recibir vacunas contra la poliomielitis, y ello típicamente debido al rechazo y dudas a nivel local.

Colectivamente, estas notables cifras equivalen a un milagro de salud pública. Sin embargo, demasiados niños continúan sufriendo innecesariamente. La recién concluida Semana Mundial de la Inmunización (del 24 al 30 de abril) debería estimularnos a redoblar nuestros esfuerzos para vacunar a millones de niños en el Asia meridional, quienes permanecen desprotegidos frente a enfermedades prevenibles.

A nivel mundial, más de 11 niños menores de cinco años mueren cada minuto a causa de enfermedades prevenibles, muchos de ellos en el Asia meridional. A pesar del progreso de la región, uno de cada cuatro niños permanece sin protección contra enfermedades como el sarampión y la hepatitis, y las cifras son aún más altas en el caso de las principales enfermedades mortales en niños, como ser la neumonía y la meningitis. Como resultado de lo antedicho, la tasa de mortalidad de niños en el Asia meridional hoy es casi el doble de la que se tuvo en Estados Unidos hace 50 años.

Tenemos las herramientas para abordar estas deficiencias y garantizar que ningún niño muera innecesariamente a causa de una enfermedad que la vacunación podría haber prevenido. Para tener éxito, sin embargo, hay que superar varios obstáculos.

En primer lugar, debemos resolver las debilidades sistémicas de los sistemas de salud subdesarrollados de la región, mejorando la capacitación de los trabajadores sanitarios, con el propósito de garantizar el adecuado almacenamiento y transporte de las vacunas y el desarrollo de formas eficaces de administración de las mismas. Estas mejoras, junto con un intercambio de información más eficaz en los ámbitos relacionados con la profesión médica, son fundamentales también para una mejor planificación y toma de responsabilidades.

En segundo lugar, debemos enfrentar activamente la creciente cantidad de lobistas contra las vacunas, quienes amenazan con desbaratar los logros obtenidos en los últimos años. Estos grupos difunden falsedades sobre la seguridad de las vacunas que pueden llevar a los padres a dejar a sus hijos desprotegidos. Evitar las vacunaciones no solo pone en riesgo la salud de los niños, también aumenta la probabilidad de brotes que a su vez ponen en peligro la salud de comunidades enteras.

Por último, debemos seguir alentando a los países de la región para que aumenten las tasas de cobertura de las vacunas, en particular en el caso de las vacunas más recientes que brindan protección comprobada contra la neumonía y la diarrea, las dos principales enfermedades infecciosas que asesinan niños.

Ya se están dando pasos positivos para lograr estos objetivos. En Pakistán, por ejemplo, los funcionarios de la provincia de Punjab, con la esperanza de proteger a un millón de niños de una forma común de diarrea, recientemente introdujeron la vacuna contra el  rotavirus. El país vecino, la India ha vacunado a aproximadamente cuatro millones de niños desde el lanzamiento de una iniciativa para ampliar la cobertura de la vacuna contra el rotavirus en diez Estados, y planifica llegar a 13 millones de niños en el último trimestre del año 2017.

Todavía queda mucho por hacer en ambos países. En la India, la iniciativa de rotavirus anualmente no llega a 13 millones de niños; en Pakistán, anualmente cinco millones de niños no son vacunados. Sin embargo, con la ayuda de Gavi, la Alianza Mundial para las Vacunas, se llevan más vacunas a las comunidades más pobres del mundo a través del financiamiento, la capacitación y la propia administración de dichas vacunas. Los funcionarios de salud en todo el mundo pueden aprender y replicar los logros alcanzados en estos dos países.

Estamos en un momento crucial en la campaña de vacunación mundial. En nuestra calidad de profesionales pediátricos que hemos dedicado nuestras vidas a proteger a los niños de enfermedades prevenibles, creemos que existe la capacidad en el mundo para poner fin a este sufrimiento innecesario. Las vacunas son una herramienta de eficacia comprobada para mejorar la salud y el desarrollo de los niños. Garantizar que los niños tengan acceso a ellas es una meta de salud pública alcanzable que tiene que recibir el respaldo unificado de  padres y pediatras a lo largo y ancho de todo el mundo.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.