Gravar la economía intangible

LONDRES – Personas muy capaces, incluido el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y Andy Haldane, economista principal del Banco de Inglaterra, han expresado inquietud por la desaceleración del crecimiento de la productividad. Y como la productividad (medida como el PIB por hora trabajada) es el motor último de la mejora de los niveles de vida, sus preocupaciones son fundadas.

Para la mayoría de la gente en Occidente, los salarios y el nivel de vida llevan décadas estancados. Por ejemplo, un obrero fabril en el norte de Inglaterra en 1970 ganaba probablemente más, en términos reales, que sus hijos cincuenta años después. Lo mismo vale para los trabajadores de otros países europeos y Estados Unidos, y esta realidad económica es parcialmente responsable del ascenso del populismo.

La productividad ha seguido una trayectoria descendente por años. Como muestra la figura 1, el promedio del crecimiento anual de la productividad en cinco países de la OCDE (Francia, Alemania, Japón, EE. UU. y el Reino Unido) en los años setenta fue 2,4%, pero en el decenio posterior a 2005 se redujo a 0,6%. Y aunque la “Gran Recesión” iniciada en 2007 contribuyó a esta disminución, el promedio ya estaba en caída mucho antes del comienzo de la crisis financiera.

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