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Las feministas con velo de Marruecos

Frecuentemente se considera que no hay lugar para el feminismo moderno, y por lo tanto no puede hacer grandes progresos en las sociedades que están experimentando un resurgimiento religioso, sobre todo en el mundo islámico. Pero el avance real registrado en años recientes de los derechos de la mujer en Marruecos indica otra cosa: una combinación única de activismo por parte de mujeres seculares y religiosas, los cálculos de los partidos políticos y un papel significativo para el Rey ha conducido a un avance verdadero.

Las feministas pioneras marroquíes iniciaron sus actividades poco después de la independencia en 1956. Representantes en gran medida de una perspectiva liberal, reconocían sin embargo la importancia del Islam en la sociedad marroquí. Como resultado, se preocuparon por presentar sus exigencias de forma que adquirieran un grado de identidad islámica.

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La primera generación de feministas marroquíes se guió por una idea clave: la interacción entre hombres y mujeres no estaba determinada por la religión, sino por prácticas sociales que frecuentemente habían utilizado a la religión como medio de refuerzo. Por ejemplo, se relacionaba a las mujeres y su pureza sexual con el honor de los hombres y sus familias -una relación que se defendió al sustentarla en el Islam. Para estas activistas, esas relaciones trataban de mantener el control sobre las mujeres y eran parte de la sociedad marroquí, no del Islam.

Para los años 1990, Marruecos sentía el impacto de la Revolución iraní y el surgimiento de Estados Unidos como única súper potencia mundial después de la Guerra Fría. Al igual que muchos países musulmanes en esta nueva era, Marruecos empezó a experimentar la revitalización del Islam político. Esto amenazaba la autoridad del Rey, quien había supervisado el sistema religioso, así como los esfuerzos de las feministas por moderar la Ley de la Familia de Marruecos que se había basado en un punto de vista rígido de las enseñanzas religiosas.

Pero la misma descentralización de la autoridad que había permitido los movimientos islamistas, también dio poder a las mujeres marroquíes. Al estar mejor educadas y en mayor contacto con las tendencias globales a través de los medios de comunicación o por sus propios viajes, las mujeres empezaron a participar en los debates políticos marroquíes. Desafiaban las disparidades en el trato jurídico a las mujeres, abordaban nuevas ideas relacionadas con el papel de la mujer en la sociedad marroquí y cuestionaban las prácticas que por mucho tiempo se habían concebido como islámicas.

Su estrategia también dio un viraje y se enfocó en la creciente importancia de los valores religiosos para dar forma a las sociedades y las relaciones globales. Como resultado, el velo se convirtió en un mecanismo para hacer pública su presencia y ganar credibilidad en los debates religiosos. Durante la última década, el número de mujeres marroquíes que participan activamente en las asociaciones o en los partidos políticos islamistas ha aumentado de manera espectacular.

El significado creciente del velo también destacó las importantes diferencias entre los hombres y las mujeres en Marruecos. Para muchos hombres, islamistas o no, el velo sigue siendo un signo de la afiliación islámica y de la devoción tradicional. Para muchas mujeres, sin embargo, el velo es símbolo de liberación -una señal de que se comprometieron con el público marroquí en formas que reflejan su propio sentido de la práctica religiosa.

Las feministas liberales marroquíes comprenden esta utilización del velo por parte de muchas mujeres y han fomentado el diálogo con las activistas con velo del bando islamista. Las señales de cooperación han sido claras: mayor uso del árabe que del francés, discusiones que incorporan un conocimiento real de las escrituras islámicas y el reconocimiento de que el Islam sigue siendo independiente de las prácticas tradicionales.

Al mismo tiempo, las feministas liberales empezaron a dedicar más esfuerzos a las asociaciones cívicas que a los partidos políticos. Esto amplió su enfoque hacia la sociedad marroquí como un todo y hacia preguntas sobre cómo se podría preparar a la gente para que mejorara su vida. Como resultado, las feministas liberales han aumentado su influencia tanto sobre los que toman las decisiones como sobre las mujeres religiosas.

Todo esto llega en un momento de mayor apertura política y democratización: el primer gobierno socialista en la historia en 1998, un Rey más abierto y más joven -descrito por los demócratas de ambos sexos como el "primer feminista" de Marruecos- que subió al trono en 1999 y un sistema de cuotas que llevó a 35 mujeres al parlamento en 2002. Ese parlamento promulgó una nueva Ley de la Familia en 2004 que establece total igualdad entre hombres y mujeres como "cabeza de familia", autoridad plena para los tribunales en cuestiones de divorcios, creación de tribunales familiares especiales y la posibilidad de custodia materna en caso de divorcio.

Por tanto, en Marruecos es difícil hablar de feminismos "seculares" e "islámicos" distintos. Las mujeres argumentan cada vez más que han sido excluidas deliberadamente de una participación plena en la sociedad no porque el Islam así lo establezca, sino porque se reveló en un contexto social profundamente patriarcal. Las interpretaciones feministas de los textos religiosos -fomentadas por un número creciente de mujeres en puestos religiosos prominentes- siguen desafiando a los tradicionalistas de todas las tendencias.

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El movimiento de mujeres en Marruecos -que ahora une a las comunidades seculares y a las religiosas- está poniendo un ejemplo del poder del pensamiento social en una sociedad tradicional. Revisar las interpretaciones tradicionales de las escrituras no es el final de la cuestión. A raíz de estos fermentos, Marruecos no sólo ha revisado su Ley de la Familia sino también leyes fundamentales sobre la nacionalidad, la propiedad de los medios de comunicación y las organizaciones políticas.

La promoción de las mujeres también ha moldeado un nuevo enfoque para la reducción de la pobreza en Marruecos, bajo la forma de una Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano, que integra los esfuerzos para mejorar la educación con mejores servicios sanitarios y vivienda. No es una exageración decir que el movimiento marroquí de mujeres se ha convertido en la punta de lanza de las reformas, al abordar la islamización, la modernización, la democratización y el feminismo.