Watching a live broadcast of Russian President Vladimir Putin's annual question session Yegor Aleyev/Getty Images

Aprender de la otra guerra mediática de Rusia

WASHINGTON, DC – Desde que existe la comunicación de masas ha habido desinformación y propaganda. Lo que ha cambiado es su velocidad y escala. Las plataformas de redes sociales han intensificado la difusión de las seudociencias y las teorías conspirativas, amenazando las instituciones democráticas de nuevas y aterradoras maneras. Basta solamente con escribir “Rusia” y “Trump” en Google para ver el impacto de las llamadas noticias falsas sobre la democracia. Pero puede que la mejor manera de luchar contra la desinformación sea seguir el ejemplo de Ucrania, país que ha enfrentado su propia lluvia de engaños financiados por Rusia.

En todo el mundo, la gente que cree que los hechos siguen importando está contraatacando. Las organizaciones noticiosas de Estados Unidos están reforzando sus posiciones, enfatizando prácticas periodísticas básicas como la verificación de fuentes y la comprobación de hechos. Además, los verificadores independientes y los comprobadores de hechos se han convertido en recursos importantes para el público.

Pero a medida que se difumina la línea entre quien produce las noticias y sus consumidores, se vuelve cada vez más difícil orientarse en la ciénaga de la desinformación. Si bien hay varias iniciativas (como los cursos de capacitación Checkology del Proyecto de Alfabetización Noticiosa y Factitious, un juego en línea que prueba la capacidad de los usuarios de identificar noticias falsas) que intentan reforzar la capacidad de filtrado de la gente, hasta ahora su impacto ha sido más bien limitado. Debido al sesgo de confirmación, la exposición a conceptos que entran en conflicto con creencias arraigadas pueden intensificar los supuestos, en lugar de llevarnos a revisarlos. Y, en un paisaje mediático en que hasta los políticos dependen de la minería de datos y las neurociencias para crear mensajes basados en la mentalidad de los votantes, es difícil distinguir la falsedad de la verdad.

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