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El giro de Trump que el mundo necesita

MADRID – Seis años después de la caída del coronel Muammar el-Kadafi, Libia sigue atrapada en el conflicto y el caos político. Desprovisto de toda autoridad central o estructura de seguridad nacional, el estado libio ahora existe sólo de nombre. Es hora de una nueva estrategia -que Estados Unidos debería respaldar activamente.

Sin duda, Libia tiene un gobierno reconocido internacionalmente: el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA por su sigla en inglés), nacido del Acuerdo Político Libio de diciembre de 2015, firmado en Sjirat, Marruecos, bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Pero ese gobierno no sólo recibió un voto de no confianza de la Cámara de Representantes basada en Tobruk en agosto pasado, sino que hoy es cuestionado enérgicamente por otra entidad con sede en Trípoli, el Congreso Nacional General (CNG), controlado en gran medida por grupos islamistas.

La conclusión es que Libia hoy está dirigida por una infinidad de grupos criminales y milicias armadas de estilo mafioso. Su lealtad está dividida entre los dos gobiernos rivales, al Qaeda y Estado Islámico (EI), que ve al país como una provincia de su califato declinante y un refugio importante para sus miembros que escapan de la guerra en Siria e Irak. Olas descontroladas de inmigrantes del país hoy están cruzando el Mediterráneo e ingresando en Europa.

En lugar de resolver el conflicto libio, el acuerdo de 2015 simplemente lo reformuló. El texto engorroso creó un "consejo presidencial" encargado de nombrar un gobierno de unidad nacional y un consejo de asesores integrado por ex miembros del CNG. Su objetivo subyacente era garantizar una transición inclusiva hacia una gobernancia democrática y una integración territorial.