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araud1_AHMAD GHARABLIAFPGetty Images_USisraelflagshadow Ahmad Gharabli/AFP/Getty Images

¿Tiene Trump la estrategia correcta para la paz en Medio Oriente?

PARÍS – Con la retirada de las tropas estadounidenses del norte de Siria, el presidente Donald Trump envió una vez más señales de que su gobierno sólo reconoce dos intereses nacionales en Medio Oriente: la contención de Irán y la seguridad de Israel.

En relación con lo primero, hace poco Estados Unidos envió más tropas a Arabia Saudita, principal adversario regional de Irán. En cuanto a lo segundo, Trump dijo más de una vez que presentará un plan para la paz entre Israel y los palestinos. Como una iniciativa de esa naturaleza puede influir en la campaña electoral de 2020 en los Estados Unidos, Trump tendrá que decidir pronto si cumplirá su promesa tras la asunción de un nuevo gobierno israelí después de la elección parlamentaria del mes pasado en Israel.

Trump encargó a su yerno, Jared Kushner, la elaboración de un plan de paz detallado. Aunque eso supone un desvío respecto de los esfuerzos diplomáticos previos de Estados Unidos, que siempre apuntaron a llevar a israelíes y palestinos a negociar por sí mismos un tratado de paz bajo los auspicios de Estados Unidos, la nueva estrategia adoptada por Trump no es necesariamente mala idea, porque ambas partes parecen incapaces de avanzar solas. La Autoridad Palestina (rechazada en las urnas en Gaza en 2006, dirigida por líderes senescentes y aquejada de corrupción) perdió la legitimidad que necesita para hacer concesiones. Israel, por su parte, se corrió tanto a la derecha que ningún gobierno puede proponer a la Knesset un plan de paz aceptable para ambos lados.

En teoría, un árbitro podría superar estos obstáculos. Además, es posible que los estrechos vínculos de Kushner con Israel sean, paradójicamente, una ayuda.

La historia muestra que los vencedores en confrontaciones geopolíticas casi nunca renuncian voluntariamente a los frutos de la victoria. Israel, una superpotencia regional con economía postindustrial, armas nucleares y una alianza inquebrantable con Estados Unidos, tiene claramente medios para imponer su voluntad a un adversario palestino más débil.

Ningún acuerdo de paz entre israelíes y palestinos puede ignorar este desequilibrio de poder. Además, ningún actor externo (ni las principales potencias europeas ni los gobiernos árabes) puede afectar ese equilibrio: los europeos están divididos en torno de la cuestión, y los estados del Golfo Árabe se han vuelto en gran medida aliados de facto de Israel contra Irán.

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De modo que Israel tiene la llave para la solución del conflicto. Pero eso implica persuadir a la opinión pública israelí para que acepte el establecimiento de un país extranjero (potencialmente enemigo) a sólo 15 kilómetros (9,3 millas) de su capital.

Estas consideraciones ayudan a explicar los numerosos favores recientes de la administración Trump a Israel, incluidos el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén y el reconocimiento estadounidense de la anexión israelí de los Altos del Golán. El objetivo de Kushner es mostrar a los israelíes que pueden confiar en Trump cuando ponga sobre la mesa propuestas para la paz. Y en la medida en que Trump ahora es más popular en Israel que el primer ministro Binyamin Netanyahu, es evidente que la estrategia estadounidense funcionó.

El plan de Kushner (que según me dijo hace unos meses, ocupa 50 páginas) ya está listo. Su contenido es un secreto bien guardado, pero es probable que sea cercano a la posición de Israel. Es decir que la propuesta de Estados Unidos ofrecería a los palestinos un alto grado de autonomía en vez de un Estado pleno, y mantendría la mayoría de los asentamientos israelíes en Cisjordania.

¿Quiere decir esto que el plan de Kushner está condenado al fracaso? Esa sería la apuesta más segura, en vista de la incapacidad de presidentes estadounidenses anteriores para llevar paz a la región en los últimos veinte años.

Pero no se puede descartar nada. En junio, la administración Trump presentó por separado una propuesta de ayuda económica a gran escala para Gaza y Cisjordania, que incluye inversiones por unos 50 000 millones de dólares a lo largo de diez años. Ese paquete puede resultarle atractivo a un pueblo que padece necesidades económicas terribles. Además, en Cisjordania el reloj apura: pronto la continua expansión de los asentamientos israelíes volverá imposibles las concesiones territoriales necesarias para establecer un Estado palestino viable.

De modo que los palestinos tienen ante sí una elección entre un acuerdo insatisfactorio y un deterioro continuo (y pronto irreversible) de su situación. Tal vez concluyan que aceptar un acuerdo sería un buen primer paso. Al menos es lo que calcula Kushner, que insiste con que su plan será “mejor para los palestinos de lo que piensan”.

Al mismo tiempo, ambas partes verán con alivio no tener que responder a presiones de Estados Unidos. Los palestinos temen que se les imponga casi un dictado israelí. Y los israelíes saben que Trump, que tiene una visión meramente transaccional de la diplomacia, espera recibir concesiones para un acuerdo de paz a cambio de su generosidad.

Sobre todo, el statu quo favorece a Israel, que puede quedarse con Cisjordania sin tener que decidir entre hacer a los palestinos ciudadanos israelíes o extranjeros en su propia tierra. Además, tal vez considere que su indiscutible superioridad militar en la región le garantiza seguridad al menos tan bien como cualquier acuerdo de paz (o acaso mejor).

Todo depende ahora de Trump, que prometió públicamente transmitir el plan de paz de su yerno a las dos partes. Pero cualquiera sea su decisión, y gane quien gane la elección presidencial de 2020 en Estados Unidos, una cosa es clara: Israel y los palestinos no son capaces de alcanzar un acuerdo de paz solos (como ya admiten hasta los más acérrimos defensores estadounidenses de Israel). Cualquier intento posterior de mediar en el conflicto tendrá que basarse en reconocer esa realidad.

Como los presidentes estadounidenses que lo antecedieron, bien puede ocurrir que Trump no consiga un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Pero al llevar una propuesta de acuerdo en vez de sólo alentar a las partes a negociar puede que haya sentado un modelo para sus sucesores.

Traducción: Esteban Flamini

https://prosyn.org/XvYGP3ces;
  1. bildt70_SAUL LOEBAFP via Getty Images_trumpukrainezelensky Saul Loeb/AFP via Getty Images

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