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Los grupos parapoliciales de defensa de las vacas de la India

NUEVA DELHI – La política india no para de sorprender y abrumar. El aumento de los grupos de vigilancia parapolicial para la defensa de las vacas (fenómeno exclusivo de la India que últimamente ha comenzado a crecer con el gobierno del Partido Bharatiya Janata o PBJ) no es ninguna excepción.

Muchos hindús ortodoxos, especialmente en los estados del norte de la India que forman el llamado “Cow Belt”, o cinturón hindú de las vacas, adoran a este animal como gau mata, la “madre de todos” que provee alimento y sustento a través de su leche, no su carne. En estos estados es común rechazar comer carne.

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Pero no es solamente una cuestión de opción personal. Varios estados indios han aprobado leyes que prohíben el sacrificio de vacas, y algunos también la posesión y consumo de carne vacuna. La matanza y el consumo de vacas son plenamente legales en apenas cinco de los 29 estados de la India, principalmente en el sur y el noreste.

En el pasado, las leyes de protección a las vacas se han aplicado con bastante laxitud; después de todo, la policía tiene mejores cosas que hacer que entrometerse en las cocinas de la gente. Pero desde la victoria del PBJ en las elecciones generales de 2014, se instaló en India una ola de triunfalismo religioso y chauvinista que ha traído consigo no solamente nuevas leyes de protección vacuna sino también estridentes exigencias de que se apliquen estrictamente. Han reaparecido las Gau Rakshak Samitis, o “sociedades de protección de las vacas”, cuyos miembros a veces asumen la tarea de asegurarse de que este animal no se mate ni consuma.

Para empeorar las cosas, ahora la causa de la protección a las vacas se vincula a otro hábito persistente y destructivo de la sociedad india: la violencia hacia los musulmanes y dalits (que antes se conocían como los “intocables”). De hecho, en el “Cow Belt”, donde más abundan las fuerzas parapoliciales de protección de las vacas, también es el centro de numerosas atrocidades contra los dalits, 63% de las cuales ocurren en apenas 4 estados: Uttar Pradesh, Bihar, Madhya Pradesh y Rajastán. No es ninguna coincidencia que sean los mismos estados donde el PBJ logró sus mejores resultados en 2014.

Es bien conocida la relación entre las vacas y los dalits. Puede que las vacas se consideren sagradas pero no son inmortales, y cuando mueren (idealmente, de causas naturales) alguien tiene que encargarse de sus cadáveres. Por siglos ha sido una tarea que ha recaído en los dalits, que los recogen, los desuellan y venden sus pieles a curtidores y fabricantes de cuero, entregan la carne a carniceros musulmanes (donde sea legal hacerlo) y entierran o creman lo que reste. Es un modo de sustento para un grupo con pocas oportunidades económicas y que beneficia a los muchos hindús que no quieren encargarse de una tarea tan desagradable.

Pero últimamente han ocurrido varios incidentes que han sacudido estos cimientos. En el estado de Gujarat, grupos parapoliciales desnudaron, ataron y golpearon con barras de hierro a cuatro jóvenes dalits que fueran sorprendidos mientras desollaban a una vaca, bajo la acusación de que la habían matado (lo cual era falso). En el estado de  Madhya Pradesh, gobernado por el PBJ, dos mujeres dalit fueron atacadas por transportar supuesta carne ilegal de vaca (resultó ser de búfalo). En Punjab, dos jóvenes dalits recibieron una golpiza y se orinó sobre ellos por cometer el mismo “delito”. Un chico musulmán de 16 años fue asesinado por ir de pasajero en un camión de transporte de ganado.

Este tipo de incidentes no han hecho más que elevar la sensación de vulnerabilidad de muchos que no necesariamente comparten la reverencia de estos grupos hacia las vacas, y también han planteado serios desafíos económicos para algunas personas.

Puede que los campesinos que crían vacas con cuidado y respeto no se puedan permitir mantener las vacas que están demasiado viejas como para producir leche. En el pasado, habrían podido arreglar el problema vendiéndolas prudentemente a carniceros locales o a quienes pudieran transportarlas a estados donde fuera legal matarlas. Pero puesto que en el clima político actual hacer eso sería demasiado peligroso, muchos campesinos deben endeudarse para cuidar de las vacas envejecidas, al tiempo que la población vacuna en India se vuelve cada vez más insostenible.

Más aún, cada vez más dalits se niegan a encargarse de los cadáveres de vacas. Tras el incidente de Gujarat, un grupo de dalits del estado declaró abiertamente su intención de abandonar sus deberes tradicionales. “Si la vaca es vuestra madre, ¿por qué no la enterráis?”, plantearon a los hindús de castas superiores.

¿Dónde estaba el gobierno central cuando todo esto pasaba? Al principio evitó condenar a estos grupos. El ministro de justicia social de la India, cuya principal responsabilidad es promover el bienestar de los dalits del país, expresó su rechazo no a las acciones de los defensores parapoliciales, sino al hecho de que habían ocurrido debido a rumores mal fundados.

Esta visión se reflejó en la respuesta del gobierno a un ataque en Uttar Pradesh, donde una turba linchó a un musulmán y golpeó a su hijo hasta casi matarlo simplemente porque sospechaba que habían matado una vaca. En lugar de defender a las víctimas, las autoridades iniciaron una investigación forense para cerciorarse de si la carne que había en su nevera era vacuna (no lo era). La implicación era clara: la violencia es injustificable solamente si la víctima no ha matado una vaca ni consumido su carne.

Sin embargo, el 6 de agosto el Primer Ministro Narendra Modi finalmente rompió su silencio sobre el asunto, advirtiendo a la gente sobre la necesidad de estar atentos a los falsos Gau Rakshaks (protectores de vacas) que intentan azuzar los conflictos sociales. “Todos los estados deben tomar estrictas medidas contra estos individuos”, declaró. Sin duda, son palabras que aliviaron a quienes dudaban de la voluntad del gobierno de hacer frente a sus propios simpatizantes.

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Con todo, los grupos parapoliciales de protección de las vacas están lejos de desaparecer en la India. Si los dalits permiten que los cadáveres vacunos se pudran, tal vez el hedor acabe por abrumarlos. Pero con los buenos vientos que corren para el chauvinismo hindú, muchos indios tendrán razones más que suficientes para taparse la nariz.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen