Jesco Denzel /Bundesregierung via Getty Images

Leer los signos de los tiempos

PARÍS – Comparar a los demagogos actuales con Adolf Hitler es casi siempre mala idea. Es un alarmismo que tiende a trivializar los horrores reales del régimen nazi, y distrae la atención de nuestros propios problemas políticos. Pero aunque el alarmismo es contraproducente, subsiste una pregunta: ¿en qué momento las democracias están realmente en peligro? Lo que hace pocos años era inimaginable (un presidente estadounidense que insulta a aliados democráticos y elogia a dictadores, que llama a los medios de prensa libres “enemigos del pueblo”, que encierra a refugiados y los separa de sus hijos) se ha vuelto casi normal hoy. ¿Cuándo será demasiado tarde para dar la alarma?

Sobre esta pregunta se han escrito grandes libros. La obra maestra de Giorgio Bassani, El jardín de los Finzi-Contini, narra las vidas de una familia de judíos italianos de la burguesía bajo el fascismo. Una trampa legal y social se va cerrando lentamente, paso a paso, en torno de estos italianos cultivados que daban por sentadas sus vidas de confort e influencia. Y sin embargo, cada uno a su manera, se niegan a ver lo que ocurre. El padre del narrador llega incluso a afiliarse al partido fascista, mientras los Finzi-Contini más ricos se retiran a un círculo familiar cada vez más aislado. El orgullo y la falta de imaginación no les permiten ver el peligro en que se encuentran, hasta que es demasiado tarde y son deportados a los campos de la muerte.

La incapacidad humana para ver lo que vendrá también anima Historia de un alemán, un libro de memorias que Sebastian Haffner escribió en 1939, un año después de irse de su Alemania natal. Haffner (futuro periodista y escritor) era un estudiante de leyes que presenció cómo la dictadura nazi fue volviéndose un régimen letal, gradualmente, como la persecución de los judíos en Italia. Vio a sus compañeros de estudios (ninguno de los cuales era nazi) aceptar cada paso sucesivo (las leyes raciales, la derogación de la constitución, etc.) por el solo hecho de ir expresado en términos legales. Al parecer, no hubo nunca un momento en que se dieran cuenta de que se había cruzado una línea intolerable y que a partir de entonces sólo quedaban la resistencia o el exilio. Pero Haffner, que no era judío, se dio cuenta; se fue del país el año en que los nazis quemaron sinagogas y sacaron a los judíos de sus hogares.

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