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La mafia del fútbol

NUEVA YORK – La única sorpresa sobre la detención de siete funcionarios de la FIFA en un hotel suizo la mañana del 27 de mayo es simplemente la de que ocurriera. La mayoría de la gente daba por sentado que esos hombres consentidos y vestidos con trajes caros que gobiernan la Federación Mundial de Fútbol estaban fuera del alcance de la ley. Fueran cuales fuesen los rumores que corrieran o las informaciones que se diesen sobre sobornos, votaciones amañadas y otros chanchullos, el Presidente de la FIFA, Joseph “Sepp" Blatter, y sus colegas y asociados siempre parecían salir incólumes.

Hasta ahora, se ha imputado a 14 hombres, incluidos nueve ejecutivos actuales o antiguos de la FIFA (pero no Blatter), de diversos delitos de fraude y corrupción en los Estados Unidos, donde los fiscales los acusan, entre otras cosas, de embolsarse 150 millones de dólares con sobornos, y los fiscales suizos están examinando acuerdos turbios a los que se debieron las decisiones de conceder las competiciones de la Copa Mundial en 2018 y 2022 a Rusia y a Qatar, respectivamente.

Naturalmente, en los deportes profesionales hay una larga tradición de  negocios mafiosos. Los gángsteres americanos han tenido un gran interés en el boxeo, por ejemplo. Incluso el juego del críquet, en tiempos caballeroso, ha quedado manchado por la infiltración de redes de garitos y otros asuntos sucios. La FIFA es simplemente la vaca lechera mundial más rica y poderosa de todas.

Algunos han equiparado a la FIFA con la Mafia y a Blatter, nacido en un pueblecito suizo, se lo ha llamado “Don Blatterone”. No es del todo justo. Por lo que sabemos, ningún contrato para asesinar ha salido jamás de la oficina del jefe de la FIFA en Zúrich, pero el secretismo de la organización, su intimidación a los rivales de quienes la dirigen y su recurso a favores, sobornos y reclamación de deudas sí que presentan paralelismos preocupantes con el mundo de la delincuencia organizada.