eu commission digital tax EMMANUEL DUNAND/AFP/Getty Images

Tributación global para la era digital

ÁMSTERDAM – La cuestión de cómo gravar a las empresas cada vez más globalizadas y digitalizadas es vital para la salud futura del comercio y la inversión intrafronterizos. Lamentablemente, el debate actual está empantanado en un contexto de confusión y complejidad, al que no ayudan en nada las respuestas políticas populistas que demonizan a las empresas digitales.

Un buen ejemplo es la propuesta de la Comisión Europea, publicada por primera vez en marzo de 2018, de crear un impuesto sobre servicios digitales de la UE (DST por su sigla en inglés). La medida apunta principalmente a los gigantes tecnológicos multinacionales cuyas estructuras corporativas les permiten desviar ganancias obtenidas en el sector digital a jurisdicciones de bajos impuestos. Pero si el DST entrara en vigencia, serán las propias empresas nuevas y los ecosistemas digitales de Europa los que resultarán más afectados.

Por ser una compañía que opera en un mercado globalizado, tenemos numerosos reparos respecto de la visión limitada para el futuro del negocio que expresan las propuestas de la Comisión Europea. Es por este motivo que debemos oponernos de plano a la idea del DST.

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