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Democracia por encima de soberanía en Europa

MILÁN – Puede que el futuro de la Unión Europea no esté oficialmente incluido en la boleta electoral en los próximos comicios a celebrarse en los Países Bajos, Francia, Alemania e Italia, pero los resultados de dichos comicios influirán en gran manera en la determinación del destino de Europa.

El sentimiento anti-UE está más extendido que nunca, como lo demuestran las febriles campañas de insurgentes populistas de la derecha, como Geert Wilders en Holanda y Marine Le Pen en Francia. Pero, también hay señales de apoyo para renovar y reinventar la UE – este es un mensaje que han sido propugnado por quienes apoyan a Emmanuel Macron en Francia y a Martin Schulz en Alemania.

Cualquier campaña pro-UE, para ser convincente, debe abordar los problemas derivados del euro. Esta moneda fue adoptada por 19 de los 28 países miembros de la UE (27, después de Brexit), la moneda común se ha convertido en una fuente importante de desilusión con respecto a la integración europea. Aunque la crisis del euro, en su forma más aguda, ya ha terminado, la eurozona continúa siendo un constructo frágil.

En la raíz de la fragilidad de la moneda común se encuentran los defectos dentro del marco del Tratado de Maastricht, que dicta que los miembros de la eurozona deben mantener una política monetaria común y políticas fiscales individuales que se ajustan a las normas fiscales compartidas. Pero, la mera existencia de normas fiscales ha demostrado ser insuficiente para garantizar su cumplimiento, y no existe en la UE ningún mecanismo para exigir su cumplimiento con el propósito de poder garantizar una disciplina fiscal adecuada.