KHALIL MAZRAAWI/AFP/Getty Images

Un nuevo enfoque para la crisis de refugiados de Oriente Medio y África del Norte

BEIRUT – El costo humano de la violencia en Oriente Medio y África del Norte (MENA) ha alcanzado proporciones históricas. Se estima que desde el año 2000, un 60% de las muertes relacionadas con conflictos mundiales han ocurrido en esta región, mientras que la violencia en Irak, Siria y Yemen sigue desplazando a millones de personas al año.

El reto ha sido intenso para los países que reciben a refugiados de estos conflictos. Según un informe de 2016 del Fondo Monetario Internacional, los estados de la región MENA fronterizos con zonas de conflicto de alta intensidad han sufrido un descenso anual del PIB de 1,9 puntos porcentuales en los últimos años, mientras que la inflación ha aumentado en un promedio de 2,8 puntos porcentuales.

Los grandes flujos de entrada de refugiados presionan a la baja los salarios en el país anfitrión, exacerbando la pobreza y elevando las tensiones sociales, económicas y políticas. Y, sin embargo, la mayoría de las estrategias de ayuda actuales apuntan a una asistencia de corto plazo, más que a una integración de largo plazo. Considerando la escala y duración de la crisis de refugiados de esta región, está claro que es necesario un nuevo enfoque que haga pasar el énfasis desde soluciones temporales a unas semipermanentes.

Para lograrlo, es necesario dar un apoyo urgente en tres áreas relacionadas. Primero, los países donantes deben hacer más por fortalecer las economías de los países anfitriones. Por ejemplo, al comprarles más exportaciones o ayudando a financiar sus sectores sanitario y educativo, los donantes podrían mejorar las condiciones económicas de los vecinos en conflicto y, en el proceso, crear oportunidades laborales para los refugiados.

Sin embargo, para que esto funcione los países anfitriones tendrán primero que eliminar las restricciones a que los refugiados trabajen legalmente. Permitir que los desplazados participen en mercados laborales formales les posibilitaría ganar un ingreso, pagar impuestos, y finalmente volverse menos dependientes de las donaciones a medida que desarrollan habilidades que puedan usar para reconstruir sus países asolados por la guerra.

Lo del empleo podría parecer obvio, pero la mayoría de los países de la región MENA actualmente prohíben que los refugiados desempeñen trabajos en el sector formal (Jordania es la excepción, habiendo emitido cerca de 87.000 permisos de trabajo a refugiados sirios desde 2016). Como resultado, muchos refugiados se ven obligados a encontrar empleo en la economía informal, donde son más vulnerables a la explotación y al abuso.

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No obstante, hay evidencias de fuera de la región que demuestran que, cuando se los integra adecuadamente, los refugiados son más un beneficio que una carga para los mercados laborales de los países anfitriones. Por ejemplo, un análisis reciente del Centro de Estudios sobre Refugiados de la Universidad de Oxford determinó que en Uganda las compañías gestionadas por refugiados en realidad elevan en márgenes importantes las oportunidades de empleo para los ciudadanos.

Un segundo asunto que se debe abordar es la protección de la “identidad” de los refugiados, tanto en términos de documentos de identificación reales como sus derechos culturales. Por estas razones, es necesario hacer esfuerzos por mejorar su conectividad digital, a fin de que tengan acceso a sus datos y sus comunidades.

Una manera de hacerlo sería usar tecnología de cadenas de bloques para asegurar el sistema de registro de refugiados de las Naciones Unidas. Con esto mejoraría la entrega de ayudas alimentarias, la movilidad de los refugiados y el acceso a servicios de pagos en línea, facilitando la obtención y el ahorro de dinero por parte de los refugiados.

Asimismo, un mejor acceso a las redes de comunicaciones ayudaría a los refugiados a mantenerse en contacto con familiares y amigos. Al llevar la Internet a los refugiados, los estados donantes apoyarían programas como las “aulas digitales” y las clínicas sanitarias en línea, servicios que puede costar que lleguen a las comunidades de refugiados. Las mujeres desplazadas, a menudo las refugiadas más aisladas en estas situaciones de reasentamiento, se contarían entre las principales beneficiadas.

Finalmente, cuando los conflictos lleguen a su fin (y todos lo hacen), la comunidad internacional deberá estar lista para ayudar con la reconstrucción. Tras años de lucha, en países como Irak, Siria y Sudán surgirán oportunidades de inversión y oportunidades de empleo y crecimiento para sus habitantes desplazados. Se podrían reducir los costos generales con estrategias de construcción regional, elevando las eficiencias y mejorando las economías de escala.

De hecho, los bloques que formarán el periodo de posguerra en esta región deben colocarse hoy. Por ejemplo, con la creación de un Banco Árabe para la Reconstrucción y el Desarrollo aseguraría la disponibilidad de financiación cuando sea necesaria. Esta institución financiera (idea que he analizado en otros sitios) podría ser fácilmente financiada y liderada por el Consejo de Cooperación del Golfo con participación de la Unión Europea, China, Japón, Estados Unidos, el Banco de Inversión para la Infraestructura Asiática y otros actores del fomento del desarrollo internacional.

Con este triple acercamiento, es posible manejar la peor crisis de refugiados que en mundo ha vivido en décadas. Al asegurar el acceso al trabajo, fortalecer las comunicaciones y el mundo digital, y sentar las bases para la reconstrucción de posguerra, los habitantes de una región sacudida pueden comenzar a planificar un futuro más próspero. La alternativa –ayuda cortoplacista que se otorga sin ser parte de una estrategia significativa- solo producirá más desilusión.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

http://prosyn.org/ze78x62/es;

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