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La era de la incompetencia

BERKELEY – El 20 de enero de 2017, el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, asumirá el cargo habiendo obtenido casi tres millones de votos menos que su oponente; y trabajará con una mayoría republicana en el Senado cuyos miembros obtuvieron trece millones de votos menos que los demócratas. Sólo la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, liderada por su portavoz Paul Ryan, puede decir que representa una mayoría numérica de 55% de los estadounidenses que votaron en la elección de 2016.

Trump también comenzará su presidencia con un índice de aprobación inferior al 50%. En la historia de este índice, es algo sin precedentes (o “sin presidentes”, según rezaba uno de sus tuits semianalfabetos, antes de que lo borrara). Así que en la práctica, el gobierno de la democracia más antigua del mundo no es democrático. También sin precedentes es el hecho de que tan pocos miembros del partido del presidente electo, y ninguno de la oposición demócrata, lo consideren apto para los deberes de la presidencia (salvo para la función de “animador en jefe”).

Pero el fenómeno Trump se venía gestando hace rato. Con la honrosa excepción de George Bush (padre), que contaba con el conocimiento, la inteligencia, el carácter y los valores necesarios para el cargo, la última asunción de mandato de un republicano con todas las cualificaciones fue en 1957 (con Dwight Eisenhower). En cuanto a Richard Nixon, nadie niega que tenía conocimiento e inteligencia para ser presidente; pero la mayoría de la gente admitirá que su carácter y sus valores dejaban algo que desear.

La opinión mayoritaria sobre Ronald Reagan también era que no tenía el conocimiento y la inteligencia necesarios para el cargo (según el periodista Peter Jenkins, la ex primera ministra británica Margaret Thatcher dijo cierta vez en referencia a Reagan: “El pobre no tiene nada entre las orejas”). Y las aptitudes que tenía el día de la asunción al cargo se fueron perdiendo con el tiempo, tras las heridas que recibió en el intento fallido de asesinato a los 69 días de mandato, y después, cuando empezó a sufrir de alzhéimer.