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El retroceso del yuan

NUEVA YORK – En abril de 2014, The Economistdeclaró: “La globalización del yuan parece un hecho implacable e imparable”. De hecho, el uso del yuan chino o renminbí (RMB) como medio de pago internacional se duplicó entre esa fecha y agosto de 2015, llegando a un 2,8% del total, con lo que la moneda china se convirtió en la cuarta más usada del mundo.

Pero luego ese crecimiento se revirtió casi por entero. La participación del RMB en el sistema internacional de pagos se redujo a 1,6%, cayendo así al séptimo lugar. Su uso en los mercados internacionales de bonos es un 45% menor al máximo que alcanzó en 2015. Los depósitos en RMB en bancos de Hong Kong también se redujeron a la mitad. Y mientras en 2015 el 35% del comercio transfronterizo de China se saldó en RMB (y en dólares la mayor parte del remanente), esa cuota cayó a cerca del 12% en la actualidad.

Este cambio de suerte para el RMB es reflejo de cuatro factores en particular.

Para empezar, si bien el RMB se apreció respecto del dólar en casi todos los años entre 2005 y 2013 (un 36,7% en total), luego cayó en forma sostenida, lo que desalentó a los especuladores. Desde 2014, el tipo de cambio se debilitó más y más cada año, y ya acumula una caída superior al 11%, pese a la intervención del Banco Popular de China (BPC) para sostenerlo (y no para mantenerlo barato, como acusó el presidente estadounidense Donald Trump). Esto llevó a los inversores a abandonar la idea de que la apreciación del RMB es una apuesta segura, y la entrada de capitales que esa apuesta venía impulsando ya se terminó.

La caída del RMB respecto del dólar es reflejo de la desaceleración del crecimiento de China, impulsado por el crédito, y de la acumulación de riesgos de impago. No es extraño que las personas y las empresas en China estén buscando nuevos modos (legales o no) de sacar dinero del país.

En abril, en una presentación dada en Nueva York, el vicedirector del BPC, Yi Gang, trató de calmar a los preocupados inversores diciendo que el nivel de préstamos morosos en el sector bancario chino estaba “casi estabilizado después de un largo período de crecimiento”. En su opinión, esto suponía “un cambio favorable en el mercado financiero”.

Pero la declaración de Yi era propaganda. Los préstamos morosos se estabilizaron como porcentaje del total de préstamos bancarios, pero sólo porque estos también crecieron. Muchos de los préstamos nuevos han sido otorgados a clientes incumplidores, así que ya se tornarán incobrables en su momento. En realidad, en cifras absolutas, los préstamos morosos sumaron 35 000 millones de dólares más en 2016, hasta alcanzar 220 000 millones. Los bancos también apelan a trucos contables para ocultar que están expuestos por varios billones más.

En un intento de cortar de raíz el debilitamiento del tipo de cambio, las autoridades han puesto más trabas a la conversión de RMB a dólares. Cambiaron de una política de apoyar la inversión china en el extranjero a otra de impedir operaciones de fusión o adquisición salientes, para evitar que las empresas locales exporten capital. Al mismo tiempo han puesto más obstáculos a la repatriación de capital para los inversores extranjeros. Si bien esto ayuda a evitar la salida de capitales, también desincentiva a los inversores de comprometer más fondos.

Este es el segundo factor que desalienta la acumulación de moneda china. Puestos a elegir entre la estabilidad económica a corto plazo y la flexibilidad monetaria, las autoridades chinas han optado por la estabilidad. Esto genera dudas sobre su compromiso duradero con la plena convertibilidad, que es un paso importante para que el RMB se convierta en una auténtica moneda de reserva.

El tercer factor que debilita al RMB es que China agotó su potencial exportador. El país y su moneda adquirieron relevancia gracias a la extraordinaria integración de China en la economía global desde su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001. La proporción que suponen las exportaciones chinas dentro del total pasó de 1% en 1980 a 14% en 2015, lo que la convirtió en el principal exportador del mundo. Pero luego ese porcentaje se redujo a 13,3%. Los que veían en China una especie de Amazon.com, vendiendo cada vez más a cada vez más gente, se llevaron una decepción.

El cuarto factor es el retroceso de la globalización misma. Entre 2007 y 2015, el flujo de capitales (en forma de compra de bonos y acciones, inversión extranjera directa y préstamos) se redujo más de dos tercios, de 11,9 billones a 3,3 billones de dólares. Las barreras comerciales están en alza. Las medidas discriminatorias se extienden más rápido que las políticas liberalizadoras. El comercio de mercancías también se redujo un 10% entre 2011 y 2015, la mayor contracción en cualquier período de cuatro años desde la Segunda Guerra Mundial. De modo que China no sólo exporta menos en términos relativos, sino que lo hace en un mercado global cada vez menor en términos absolutos. Como consecuencia, el valor de las exportaciones chinas en dólares se redujo 9,1% desde el máximo que alcanzaron a principios de 2015.

El resultado neto es que, en comparación con pocos años atrás, el mundo tiene muy pocas razones para seguir acumulando RMB. La globalización del RMB, más que “implacable e imparable”, ya parece totalmente terminada por un futuro previsible.

Traducción: Esteban Flamini