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¿Puede renacer la democracia estadounidense?

NUEVA YORK – Estados Unidos siempre se consideró a sí mismo un bastión de la democracia. La promovió en todo el mundo, y luchó por ella (con gran costo) contra el fascismo en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora esa lucha se trasladó al propio país.

Las credenciales democráticas de Estados Unidos siempre estuvieron ligeramente manchadas. Estados Unidos se fundó como una democracia representativa, pero sólo podía votar una pequeña fracción de sus ciudadanos (en su mayoría, terratenientes varones blancos). Tras la abolición de la esclavitud, los blancos del sur estadounidense estuvieron casi un siglo tratando de evitar el voto de los afroamericanos; por ejemplo, supeditándolo al pago de impuestos de capitación y pruebas de alfabetización, que lo hacían prácticamente imposible para los pobres. Sólo tuvieron garantizado ese derecho casi medio siglo después de la habilitación del voto femenino en 1920.

Las democracias limitan, con razón, el dominio de las mayorías, y por eso consagran ciertos derechos básicos que a nadie pueden ser negados. Pero en Estados Unidos esa idea se desvirtuó. Una minoría domina a la mayoría, con poca consideración por sus derechos políticos y económicos. La mayoría de los estadounidenses quiere control de armas, aumento del salario mínimo, acceso garantizado al seguro de salud y mejor regulación de los bancos que produjeron la crisis de 2008; pero todos estos objetivos parecen inalcanzables.

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