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pistor9_Chip SomodevillaGetty Images_ceo jamie dimon Chip Somodevilla/Getty Images

Por qué los CEO en Estados Unidos ahora están en contra de los accionistas

NUEVA YORK – La Business Roundtable, una asociación que reúne a los directores ejecutivos (CEO) más poderosos de  Estados Unidos, anunció este mes que la era de la primacía de los accionistas ha terminado. Como era de esperar, esta grandiosa proclamación fue recibida con euforia y escepticismo. Sin embargo, dicha declaración es significativa, no tanto por su contenido sino por lo que revela acerca de cómo piensan los CEO en Estados Unidos. Aparentemente, los líderes corporativos en Estados Unidos creen que pueden decidir libremente al servicio de quién ellos se encuentran. Sin embargo, debido a que actúan como representantes, y no así como dueños, de una empresa, esa decisión realmente no debe ser tomada por ellos.

El hecho de que los CEO en Estados Unidos piensen que pueden elegir a sus propios jefes atestigua no sólo el propio sentido de lo que ellos consideran como su derecho, pero también la situación en la que se encuentra el Estados Unidos corporativo: el lugar donde el poder sobre los imperios empresariales que abarcan todo el mundo se concentra en manos de unos pocos hombres (y, de muchas menos mujeres). Desde el punto de vista de legislación corporativa, los CEO de una empresa son nombrados por los directores de una empresa, quienes a su vez son elegidos por los accionistas de dicha empresa cada año. En la práctica, sin embargo, la mayoría de los directores permanecen como miembros de la junta directiva durante años, al igual que los ejecutivos que ellos nombran.

Por ejemplo, Jamie Dimon, presidente de la junta directiva de Business Roundtable, ha estado frente del timón de JPMorgan Chase por más de 15 años. Durante la mayor parte de ese tiempo, se desempeñó como CEO y presidente de la junta directiva, en contravención de los principios de gobierno corporativo que recomiendan separar estos dos cargos.

Al capturar bajo su poder el proceso al que se deben sus propios cargos, los CEO en Estados Unidos se han burlado del control de los accionistas. La propia Business Roundtable ha favorecido durante mucho tiempo una votación por mayoría simple en vez de una votación por mayoría absoluta, lo que significa que los miembros de la junta en funciones sólo necesitan recibir más votos que cualquier otra persona, en lugar de la mayoría de los votos. Al mismo tiempo, la organización ha luchado con uñas y dientes contra la Comisión de Bolsa y Valores para bloquear una regla que permitiría a los accionistas añadir de manera manuscrita a sus propios candidatos en el momento que se les solicita emitir sus votos. Asimismo, esta institución continúa tratando de debilitar la capacidad de los accionistas para proponer la inclusión de asuntos en la agenda de las juntas de accionistas.

En resumen, para la Business Roundtable y los CEO a los que representa, la primacía de los accionistas nunca ha significado la democracia de los accionistas. En cambio, el modelo del valor para los accionistas ha protegido a los CEO para que ellos eviten discutir la estrategia corporativa, especialmente cuando se trata de considerar alternativas al precio de la acción como métrica para evaluar el desempeño corporativo. Para los CEO, el precio de la acción lo es todo, debido a que protege a la empresa de ser adquirida por terceros (la mayor amenaza para los gerentes actuales) y aumenta la remuneración que reciben dichos ejecutivos.

¿Por qué, entonces, los CEO irían en contra de un statu quo que les ha permitido reinar casi sin oposición, para favorecer a un modelo de gobierno de partes interesadas que sitúa a los empleados y al medio ambiente en igualdad de condiciones con los accionistas? La respuesta es que las revoluciones a menudo devoran a sus propios hijos. La primacía del precio de las acciones no sólo ha dejado de proteger a los CEO de la forma en la que lo hacía antes, sino que se ha convertido en una amenaza para ellos.

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Al fin y al cabo, una cosa es defender a los accionistas cuando están demasiado dispersos como para organizarse. Es un escenario bastante diferente cuando los accionistas se han reunido en bloques con poder de veto efectivo y tienen la capacidad de coordinar entre ellos para ir en pos del logro de objetivos comunes. Alrededor del 74% de las acciones de JPMorgan Chase están en manos de inversores institucionales, cinco de las cuales – incluidos entre ellos Vanguard, BlackRock y State Street – controlan un tercio del total de las acciones. Además, JPMorgan no está solo. Investigaciones recientes en Estados Unidos muestran que el mismo puñado de gerentes de activos a nivel global representa a los principales accionistas de casi todos los intermediarios financieros más grandes: las firmas de Big Tech y las compañías aéreas.

Para los CEO, el surgimiento de poderosos bloques de accionistas ha cambiado el juego de gobierno corporativo. Con millones de millones de dólares de ahorro que deben invertirse, simplemente no se puede ignorar a los inversores institucionales. Incluso si los gerentes de activos no se involucran activamente en el gobierno corporativo, aún pueden enviar señales poderosas al mercado simplemente cuando venden de manera repentina, es decir llevan a cabo un ‘dumping’, de una cantidad de acciones.

Durante años, el modelo de la primacía de los accionistas condujo a que los CEO obtengan ganancias a través de la externalización o la reducción de la fuerza laboral, el arbitraje regulatorio y fiscal, así como mediante las recompras de acciones que llevaban dinero en efectivo a los accionistas, a expensas de invertir en el futuro de sus empresas. Pero ahora, finalmente, los CEO se han dado cuenta de que estas estrategias son mejores para los inversores institucionales que para la sostenibilidad de las empresas.

Al verse enfrentados por los vientos en contra que ellos mismos generaron, los CEO de Estados Unidos parecen haber llegado a la conclusión de que la mejor defensa es un buen ataque. No obstante, si ellos toman en serio el abandono del modelo de la primacía de los accionistas, las declaraciones públicas no serán suficientes. Ellos también deben apoyar las reformas legales, en especial las medidas necesarias para responsabilizar a los directores y ejecutivos corporativos ante los dueños a cuyo servicio ellos se encuentran. Eso podría significar extender la representación de la junta directiva a los empleados y otras partes interesadas, o podría tomar la forma de auditorías especiales, parecidas a aquellas a las que se someten las empresas de beneficio público.

De cualquier manera, si el nuevo modelo de partes interesadas va a ser más que la antigua farsa de la “democracia de los accionistas”, los propios dueños de las empresas deben participar en la creación del nuevo régimen. Si dejamos que los representantes decidan por sí solos, terminaremos justo donde empezamos.

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  1. bildt70_SAUL LOEBAFP via Getty Images_trumpukrainezelensky Saul Loeb/AFP via Getty Images

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