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The Year Ahead 2019

El nuevo viejo populismo

LOS ÁNGELES – Durante la mayor parte de un siglo, el populismo fue ampliamente considerado como un fenómeno típicamente latinoamericano, una plaga política recurrente en países como Argentina, Ecuador y Venezuela. En los últimos años, en cambio, el populismo se ha vuelto global, trastocando la política de países tan diversos como Hungría, Italia, las Filipinas y Estados Unidos. Jair Bolsonaro, el presidente electo de Brasil, es el último ejemplo de una tendencia mayor.

Los políticos populistas ganan terreno cuando los trabajadores y los ciudadanos de clase media se sienten agraviados por las elites de sus países. En su desdicha, los votantes se inclinan por personalidades fuertes y carismáticas cuya retórica muchas veces se centra en las causas y las consecuencias de la desigualdad. Es más, los líderes populistas son nacionalistas y su activo es la confrontación. Así, “el pueblo” debe enfrentarse al establishment político, las grandes corporaciones, los bancos, las multinacionales, los inmigrantes y otras instituciones extranjeras.

Una vez en el poder, los gobiernos populistas tienden a implementar políticas destinadas a redistribuir el ingreso. Por lo general, esto conlleva déficits fiscales y una expansión monetaria insostenibles. Las políticas populistas –que también incluyen proteccionismo, regulación discriminatoria y controles de capital- violan la mayoría de los principios medulares de la economía tradicional. Pero la heterodoxia implica romper con el status quo. Y, según los populistas, como el status quo es la fuente de los males de sus países, romper con él es la única solución.

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