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Vacunas de avanzada

NUEVA YORK – Las vacunas se cuentan las experiencias más exitosas de la historia de la sanidad pública e individual. Han ayudado a erradicar la viruela, están en camino de hacerlo con la polio y cada año evitan millones de muertes, rediciendo así el sufrimiento y los costes provocados por las enfermedades infecciosas.

Pero hay muchas enfermedades para las que no existen. Más aún, es improbable que las estrategias que en el pasado permitieron desarrollarlas con éxito funcionen contra bacterias y virus más complejos, como el VIH, que han desarrollado distintos mecanismos para eludir el sistema inmunológico.

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La historia de la vacunología consiste en avances biomédicos y tecnológicos que abren el camino a la “nueva generación” de vacunas. En los años 50, la capacidad de hacer crecer virus en cultivos de tejidos representó un gran paso que llevó al desarrollo de vacunas atenuadas vivas y vacunas inactivadas para la viruela, la polio y otras enfermedades. En los años 80, la técnica del ADN recombinante condujo al desarrollo de vacunas contra la hepatitis B y el virus del papiloma humano.

Con el cambio de siglo, la primera secuenciación del genoma humano llevó a la “vacunología inversa”, mediante la cual el análisis por ordenador del genoma de un patógeno permite la identificación y exploración de muchos más objetivos de vacunas que antes, lográndose el desarrollo de una vacuna contra la meningitis B.

En la última década  ya se han dado pasos importantes en los campos del desarrollo de vacunas guiado por estructuras, la biología sintética, la biología de sistemas y la monitorización inmunológica. Sin embargo, las insuficiencias en nuestra comprensión de la respuesta inmune humana ante bacterias, virus o parásitos específicos pueden impedir que estos avances se traduzcan en el desarrollo de vacunas de próxima generación.

Por esta razón, con otros ocho colegas científicos hemos propuesto la creación del Proyecto para el Desarrollo de Vacunas Humanas, una nueva iniciativa de estudios clínicos centrada en la inmunología humana. En febrero de 2014, reconocidos científicos y especialistas en sanidad pública se reunirán en La Jolla, California, para esbozar un plan científico que permita identificar, priorizar y -lo más importante- solucionar los principales problemas que en la actualidad obstaculizan el desarrollo de vacunas contra enfermedades como el SIDA, la tuberculosis y la malaria.

Un proyecto así representaría un cambio de paradigma en cuanto al desarrollo de vacunas. El proceso actual es largo (a menudo transcurren décadas desde el concepto a la autorización), tiene bajas probabilidades de éxito (debido a las limitaciones de los modelos animales para predecir la eficacia y la respuesta inmune en seres humanos) y es costoso (con frecuencia se necesitan cientos de millones de dólares para desarrollar una sola vacuna).

Considérese que en los últimos años han fracasado muchas vacunas candidatas contra el VIH, el dengue, el herpes y el estafilococo áureo, a un coste de más de $1 mil millones. Si a lo largo de la próxima década se invirtiera esa cantidad de manera coordinada para enfrentar los principales retos que obstaculizan el desarrollo de vacunas se podría acelerar mucho nuestra búsqueda de soluciones eficaces, con efectos transformadores sobre la sanidad pública y la salud individual.

Quizás el VIH represente el mayor desafío, porque hace uso de su amplia variabilidad genética para ocultarse del sistema inmunológico. Sin embargo, gracias a los últimos avances los científicos han podido identificar regiones altamente conservadas de este virus variable, determinando su estructura molecular y dando inicio al diseño de vacunas candidatas de próxima generación para producir anticuerpos que apunten específicamente a tales regiones con el fin de prevenir la infección por VIH. No obstante, el desarrollo de una vacuna para el VIH (al igual que para varias otras enfermedades) sigue estando limitado por lo que pueden indicarnos los modelos animales sobre cómo originar las necesarias respuestas inmunes en los seres humanos.

Dos avances logrados hace poco tienen el potencial de acelerar radicalmente el desarrollo de las vacunas y la reducción de sus costes. En el ámbito de la biología sintética, el rápido diseño de vacunas basadas en ácidos nucleicos permite que varias candidatas pasen rápidamente del concepto al ensayo. En biología de sistemas, las tecnologías de alto rendimiento han aumentado la cantidad de parámetros genéticos e inmunológicos que es posible evaluar en los ensayos. Este enfoque ayuda a predecir la eficacia de potenciales vacunas de nueva generación contra la fiebre amarilla y la influenza a días de la inmunización, en comparación con el plazo usual de meses o años.

Las vacunas ya previenen las muertes de 2 a 3 millones de personas al año, evitando sufrimiento humano, aliviando la carga de los sistemas de sanidad pública y haciendo posible un mayor ritmo de avance en el desarrollo económico y social. Los modelos muestran que si se añade a la actual gama de procedimientos de prevención y tratamiento una vacuna para el SIDA que sea incluso medianamente eficaz se podría reducir notablemente el índice de infección por VIH.

Como escribiera hace poco Desmond Tutu, Premio Nobel y uno de los grandes activistas mundiales contra el VIH/SIDA: “Tenemos que aprovechar al máximo los avances científicos de los últimos cincuenta años, que han convertido las vacunas para otras enfermedades prevenibles en la inversión sanitaria más potente y eficaz  que existe en la actualidad.”

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Esa es la idea tras el Proyecto para el Desarrollo de Vacunas Humanas, concepto que incluso hace una década habría sido inimaginable. En la actualidad, los avances tecnológicos en los ámbitos del descubrimiento de vacunas y la monitorización inmunológica nos permiten explorar de manera realista este enfoque potencialmente revolucionario a la prevención de enfermedades. El encuentro de febrero en California puede significar un paso gigantesco hacia un mundo sin enfermedades infecciosas debilitantes y letales.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen