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El eje mortal de la tuberculosis y la diabetes

PARÍS – El año pasado, la tuberculosis superó al VIH/SIDA y se convirtió en la enfermedad infecciosa más mortal del mundo. Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad se cobra aproximadamente 1,5 millón de vidas cada año. Sorprende saber que una de cada tres personas en el mundo vive con una infección de tuberculosis latente que, en algún momento, podría devenir la forma activa -y potencialmente letal- de la enfermedad.

Se hicieron grandes progresos en la lucha contra la tuberculosis en las últimas décadas. Eso permitió que, desde 2000, se salvaran unos 43 millones de vidas. Pero los líderes mundiales aún no han ofrecido una respuesta que sea acorde a la escala del problema. Eso tiene que cambiar -especialmente a medida que vamos teniendo más conocimiento sobre la interacción entre la tuberculosis y otro asesino letal en el mundo: la diabetes.

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La diabetes tipo 2 no sólo hace que el cuerpo se vuelva incapaz de procesar o responder a la insulina; también debilita el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de que sus víctimas desarrollen una tuberculosis activa. La gente con diabetes tiene tres veces más probabilidades de sufrir tuberculosis. La diabetes también puede hacer que los pacientes no respondan tan bien a las terapias estándar contra la tuberculosis, a la vez que puede aumentar la posibilidad de una recidiva después de que la enfermedad ha sido tratada.

Mientras tanto, al hacer aumentar el azúcar en la sangre en sus etapas iniciales, la tuberculosis puede agravar o desatar la enfermedad. Y, para peor, ciertas drogas esenciales para combatir la tuberculosis pueden tener interacciones adversas con medicamentos orales estándar para combatir la diabetes, lo que las torna menos efectivas.

Estas interacciones cada vez se volverán más comunes. Hoy, casi 390 millones de personas padecen diabetes tipo 2 y, en el lapso de dos décadas, se espera que el número total de casos supere los 592 millones. Hay un dato alarmante: seis de los diez países que, según se proyecta, tendrán las tasas más altas de diabetes para mediados de siglo -Rusia, India, China, Brasil, Indonesia y Pakistán- también están clasificados por la OMS como países con un alto índice de tuberculosis.

Esta no es la primera vez que enfrentamos un problema de estas características. Hace dos décadas, la tuberculosis y el VIH/SIDA estaban inmersos en una interacción mortal similar. El SIDA, al igual que la diabetes, debilita el sistema inmunológico, haciendo que sus víctimas se vuelvan más susceptibles a la tuberculosis activa. De 1990 a 2005, cuando el VIH infectaba a unos dos millones de personas por año en el África subsahariana, la tasa de casos nuevos de tuberculosis en la región se cuadruplicó.

Los líderes mundiales tardaron en reaccionar a la crisis -y la demora causó un profundo sufrimiento y pérdidas de vidas-. Finalmente, frente al incremento de la tasa de mortalidad, los líderes comenzaron a apreciar la magnitud del problema y entender la necesidad de una acción conjunta.

Las clínicas médicas locales comenzaron a combinar ensayos y tratamientos para las dos enfermedades; y, a medida que en África se empezaron a conseguir medicaciones antivirales, la tasa de infecciones de tuberculosis en pacientes con VIH comenzó a caer. Pero los efectos todavía se sienten al día de hoy. Según la OMS, aproximadamente una tercera parte de las muertes por VIH/SIDA en 2014 se podían atribuir a la tuberculosis.

Esta vez, con la diabetes en aumento, no debemos esperar hasta que la crisis se desmadre para tomar medidas. El 2 de noviembre, responsables del área de salud pública, incluidos representantes de empresas, de la sociedad civil y de organizaciones de ayuda internacional, se reunieron en Bali, Indonesia, con el objetivo de sentar las bases para una campaña global destinada a hacer frente a la co-epidemia de tuberculosis y diabetes que se avecina -la primera cumbre de salud en la historia específicamente focalizada en una respuesta al doble flagelo.

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Ese evento, organizado por el Ministerio de Salud de Indonesia, congregó expertos de Asia, África, Europa y Norteamérica. A los asistentes se les solicitó que firmaran "La Declaración de Bali", una promesa de implementar determinadas políticas de atención médica que habían resultado efectivas a la hora de ayudar a disminuir las tasas de tuberculosis y diabetes. Las medidas incluyen pasos concretos y relativamente simples como un "chequeo bidireccional", que requiere que a cualquier persona a la que se le diagnosticó diabetes también se la someta a un análisis para detectar si padece tuberculosis y viceversa. Programas tempranos de chequeo bidireccional realizados en India, China y otros países muy afectados ofrecen esperanzas de que ambas enfermedades se puedan tratar mejor.

La cumbre de Bali resaltó la oportunidad indispensable que tenemos de iniciar una acción preventiva contra una crisis de atención médica en ciernes. Pero a esto debe seguirle una acción urgente y un compromiso de recursos. Se debe obligar a los líderes mundiales a reconocer la amenaza dual de la tuberculosis y la diabetes -y a convertir esto en una alta prioridad en materia de políticas públicas- antes de que sea demasiado tarde.