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El chivo expiatorio climático de Trump

NUEVA DELHI – Al acusar a la India de exigir “miles de millones y miles de millones y miles de millones de dólares" como condición para su participación en el Acuerdo de París sobre el clima, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha causado tensión en lo que se vislumbraba como una relación estrecha entre las dos democracias más grandes del mundo.

Después de que Trump se refiriera específicamente a la India en su discurso de renuncia al Acuerdo de Paris,  la ministra de Relaciones Exteriores de la India Sushma Swaraj replicó que lo alegado por Trump “no refleja de ninguna manera la realidad”. Según Swaraj, la India no se unió al acuerdo “ni por avaricia, ni por miedo”, sino que lo hizo “por nuestro compromiso con la protección del medio ambiente”.

Trump insiste en que el Acuerdo de París es injusto, porque si bien a “la India se le permitirá duplicar su producción de carbón hasta el año 2020”, se espera que Estados Unidos “deje de lado la suya”. Sin lugar a dudas, India continúa obteniendo la mayor parte de su electricidad de plantas de energía alimentadas con carbón, que representan casi dos tercios de su capacidad total de energía. Sin embargo, la India no tiene acceso a gas natural barato que es el factor que ha permitido a Estados Unidos reducir sus emisiones de dióxido de carbono durante los últimos años.

La India, consecuentemente, no tiene más remedio que construir nuevas plantas de carbón a mediano plazo. Tal como el primer ministro indio Narendra Modi señaló cuando se arribó al Acuerdo de París, la India todavía necesita “crecer rápidamente para cumplir con las aspiraciones de 1,25 mil millones de personas, 300 millones de las cuales carecen de acceso a la energía”.

India es en la actualidad el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo – situándose detrás de China y EE.UU. – pero se ubica en este puesto debido a que la India ha logrado impresionantes avances en términos de crecimiento económico. De la misma forma, la India ha defendido desde hace tiempo el principio de la “responsabilidad común pero diferenciada”, que sostiene que los países industrializados que más han contribuido al calentamiento global tienen una obligación mayor con respecto a abordarlo.

La India ha expresado su voluntad de reducir las emisiones, pero con la condición de que los países desarrollados hagan lo que proporcionalmente les toca, estableciendo así un buen ejemplo para el resto. En el pasado, existían dudas sobre si la India se uniría al esfuerzo colectivo mundial consagrado en el Acuerdo de París. Sin embargo, en respuesta a la decisión de Trump, el gobierno de la India ha reafirmado su compromiso de cumplir con sus obligaciones estipuladas en dicho acuerdo. En una reciente conferencia de prensa junto al presidente francés Emmanuel Macron, Modi prometió “seguir trabajando” para reducir las emisiones, “por encima y más allá de lo estipulado en el Acuerdo de París”.

Con ese fin, la India ha anunciado planes ambiciosos para alejarse de sus fuentes tradicionales de energía que son altamente contaminantes. India espera generar el 40% de su energía a partir de fuentes renovables hasta el año 2030, y espera que, hasta tan pronto como el año 2022, 100 gigavatios de dicha energía se obtengan a partir de la energía solar. De hecho, es muy probable que este año la India vaya a superar a Japón como el tercer mayor productor de energía solar del mundo, ubicándose solamente detrás de China y Estados Unidos.

A los ciudadanos de la India les gusta señalar que si bien es cierto que la China alberga al 17,5% de la población mundial y la India al 17%, China genera más del 23% de las emisiones mundiales, mientras que India solamente da cuenta de menos del 10% de las mismas. En términos de emisiones per cápita entre los contaminadores del mundo, la India  ocupa el puesto 128 – ubicándose entre Anguila y Moldavia.

A menudo las autoridades que gobiernan la India, como Modi y Swaraj, pregonan el apego religioso, cultural y espiritual que tiene la India con el medio ambiente. “Tenemos un compromiso con el medio ambiente desde hace 5.000 años” expresó Swaraj en respuesta a Trump. “El culto al río, el culto a las montañas, el culto a los árboles" aseveró la ministra, haciendo una invocación a los profundos vínculos del hinduismo con el mundo natural, “se constituyen en el patrimonio cultural de la India”.

A pesar de la dudosa afirmación de Trump sobre que el Acuerdo de París pone sobre los hombros de Estados Unidos “cargas financieras y económicas draconianas”, su decisión es peculiarmente extraña, debido a que el acuerdo es voluntario y no vinculante. Según el acuerdo ya firmado, todos los países participantes tienen la libertad de determinar sus propias metas de reducción de emisiones, así como las políticas para lograrlas; y, los países pueden llevar a cabo las revisiones que ellos consideren convenientes.

Además, no hay ninguna penalidad si un país no cumple su objetivo “determinado a nivel nacional”. Al haberse comprometido públicamente con el acuerdo, cada país está vinculado por el honor de su palabra a ir tras el cumplimiento de sus obligaciones específicas en buena fe, o se le responsabilizará en el tribunal de la opinión pública.

Trump no comprende el punto neurálgico del tema cuando dice que a la India, pero no así a Estados Unidos, “se le ha permitido” continuar con su producción de energía de carbón. Todos los 195 signatarios han ofrecido sus propias Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional; si a Trump no le gustan las contribuciones establecidas por la administración de Obama, podía haberlas revisado en cualquier momento. Si bien en dicho caso aún habría tenido que enfrentar el oprobio del mundo, especialmente aquel proveniente de los países que se unieron al acuerdo porque Estados Unidos estaba dispuestos a compartir la carga. Sin embargo, él podría haber evitado antagonizar innecesariamente a un país que se considera a sí mismo como socio estratégico de Estados Unidos.

El riesgo ahora es que la demonización de la India por parte de Trump podría descarrilar un esfuerzo bipartidista que está en curso desde el año 2000 con el fin de fortalecer los vínculos bilaterales entre estos dos países. En Estados Unidos, las administraciones demócratas y republicanas por igual han ido tras del logro de una alianza estratégica con la India que se fundamente en los vínculos comerciales existentes, en la inversión y las grandes redes comerciales y familiares que enlazan a los dos países. Los comentarios sin oficio ni beneficio de Trump ahora han socavado dichos esfuerzos.

En la India, se especula sobre que Modi podría posponer su visita a Estados Unidos, misma que está programada para finales de este mes. Esa sería una acción no aconsejable. En la actualidad, el desafío diplomático de la India es sobrellevar las turbulencias ocasionales generadas por un volátil presidente estadounidense que se expresa según el tono que complace a sus electores de base. De lo contrario, la India podría perder las ventajas internacionales y geopolíticas que conlleva su relación con Estados Unidos.

Incluso si la India y Estados Unidos difieren sobre el Acuerdo de París, aún pueden coordinar en otras áreas importantes. Por ejemplo, durante su reciente visita a Arabia Saudita, Trump identificó a la India como una víctima del terrorismo – un problema que comparte con Estados Unidos. Al mismo tiempo, el comercio bilateral entre los dos países asciende a más de 100 mil millones de dólares anualmente; y, la diáspora de ciudadanos de la India ha ganado influencia sin precedentes en Washington. La Cámara de Representantes de Estados Unidos tiene ahora cinco miembros de ascendencia india, y el Senado tiene uno.

Estos son los pilares sobre los cuales se puede construir una relación más fuerte entre Estados Unidos y la India. Sólo necesitamos pasar por alto algún ocasional “covfefe” proveniente de la Casa Blanca.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.