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Por qué necesitamos un islam político

MADRID – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en segundo plano una orden ejecutiva que designaría a los Hermanos Musulmanes como un grupo terrorista. Debería dejarla allí, relegada, de manera permanente. Los gobiernos inclusivos, que son vistos como representantes de las sociedades musulmanas abrumadoramente devotas del mundo árabe, son un antídoto vital para el yihadismo global.

Sin duda, los Hermanos Musulmanes no siempre han incorporado plenamente los valores democráticos. En Egipto, por ejemplo, el gobierno del presidente Mohamed Morsi trató a la democracia como una propuesta donde el ganador toma todo – y fue derrocado después de poco más de un año.

Sin embargo, si se abordan tales deficiencias condenando al ostracismo a opciones político-religiosas legítimas, simplemente se refuerzan las razones que esgrimen los reclutadores yihadistas, quienes argumentan que la violencia es la única manera garantizar que se lleve a cabo la reforma. Eso fue lo que sucedió cuando Abdel Fattah el-Sisi – sucesor de Morsi después del golpe de Estado del año 2013 – adoptó una estrategia de suma cero para los Hermanos Musulmanes.

Cuando se ha brindado espacio a los partidos islamistas para que desplieguen actividades políticas, ellos han demostrado tener capacidad para sacar provecho de dicho espacio, defendiendo a menudo la participación política como una alternativa superior a la violencia. Y, de hecho, los partidos islamistas, incluyendo los Hermanos Musulmanes, participan en actividades políticas legítimas en varios países, mismas que a menudo los han llevado a moderar sus puntos de vista.