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El fracaso de los ataques contra China

Dado que el rápido crecimiento de China afecta cada vez más a una gran variedad de temas a nivel mundial, se ha vuelto conveniente para los candidatos presidenciales de EU culpar a ese país de algunos de sus problemas internos. Pero en las campañas presidenciales estadounidenses de este año casi no ha habido declaraciones contra China. Hay buenas razones para ese agradable cambio.

En elecciones recientes China rara vez se salvaba, y frecuentemente era el blanco de la demagogia popular. Se culpaba a su régimen de tipo de cambio, que fija al renminbi al dólar de los EU, por el creciente déficit estadounidense. Sin importar que el déficit comercial bilateral de Estados Unidos con China, incluyendo aun a Hong Kong, representa menos de la quinta parte de su déficit total, supuestamente las crecientes importaciones procedentes de China y una mayor inversión extranjera directa por parte de compañías estadounidenses agravaban el desempleo.

De igual modo, las reformas inacabadas en el sector bancario y en las empresas propiedad del Estado en China se han utilizado como evidencia de subsidios del gobierno para realizar actividades de dumping. Aunque la mayoría de las exportaciones chinas provienen actualmente de empresas privadas que casi no reciben préstamos de los bancos del Estado, los candidatos estadounidenses en elecciones anteriores buscaron ganarse el favor de los electores de la clase trabajadora prometiendo defender los empleos en contra de las prácticas comerciales supuestamente injustas de China. El tema del empleo podía explotarse más hablando de las malas condiciones de trabajo, los bajos salarios, el trabajo infantil y otros problemas que frecuentemente existen en los países en desarrollo.

Atacar a un país comunista siempre le ha dado a los políticos estadounidenses una forma conveniente de atraer al elector medio. Después de todo, se puede tener la certeza de que la mayoría de los votantes estadounidenses no se enterarán de cómo funcionan en realidad otros países, y ya no digamos países del Lejano Oriente.