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por R. L. Kleinberg

La dependencia mundial de los combustibles fósiles cuesta mucho más que el precio de un barril de crudo. La actual crisis en el Medio Oriente, la gradual transformación de Asia Central en un puesto militar de Occidente y los regímenes débiles prevalecientes en otros países productores, como Rusia y Venezuela, son serios recordatorios de la fragilidad de la seguridad energética global.

Teniendo una economía mundial que seguirá dependiendo de los combustibles fósiles hasta bien avanzado el presente siglo, la vulnerabilidad energética no podrá sino incrementarse en el futuro previsible. La conservación puede moderar, pero no darle una voltereta, al creciente consumo de los países industrializados y del mundo en desarrollo. Las fuentes renovables de energía son prometedoras, pero no reemplazarán pronto a los combustibles fósiles.

Aún así, hay esperanzas de obtener una fuente abundante de energía limpia que daría un fuerte impulso a la seguridad global poniendo a la producción en una posición más cercana a los consumidores. Sorprendentemente, esa fuente de energía es un tipo de hielo. Cuando el gas natural sube desde el fondo de la tierra y se combina con agua en el, y debajo del lecho marino bajo ciertas condiciones de baja temperatura y presión alta, el resultado es gas hidrato, una sustancia que la mayoría de la gente no conoce, pero que es común geológicamente hablando. Una vez que el gas es liberado del agua congelada, puede ser recolectado en pozos y entubado de igual forma como se hace con el gas natural ordinario.