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El otoño del Comandante

La espera de la muerte de Fidel Castro es algo que sólo Gabriel García Márquez podría abordar correctamente. Su novela El otoño del patriarca capta perfectamente la decadencia moral, la parálisis política y el hastío brutal que envuelve a una sociedad que aguarda la muerte del que ha sido dictador desde hace mucho tiempo.

La separación del poder del Comandante Fidel será, por supuesto, únicamente una cuestión biológica, y las pocas imágenes que han aparecido desde que enfermó el año pasado claramente muestran que la naturaleza está haciendo su trabajo. Cuando llegue el final, el cambio en Cuba podría ser tan extenso como cualquiera de los otros que se dieron al morir los grandes dictadores del siglo pasado.

Stalin, Franco, Tito, Mao: todos, en gran parte, se parecían en sus fines y métodos. Sin embargo, la forma en que desaparecieron del escenario frecuentemente fue diferente y estas diferencias pueden configurar a una sociedad en los años y décadas por venir.

Consideremos a la Unión Soviética. El 9 de marzo de 1953, desde el Golfo de Finlandia hasta el Mar de Bering todo se detuvo, del mismo modo que en Varsovia, Budapest, Praga y Berlín Oriental. En Beijing, Mao Zedong mismo se inclinó en señal de reverencia ante la enorme efigie de Joseph Stalin. Se podía ver a las multitudes de luto, llorando casi histéricas por todo el vasto imperio que Stalin había gobernado.