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El coqueteo de Rusia con el fascismo

MOSCÚ – En los últimos años, a los responsables de las políticas en Occidente les ha resultado difícil categorizar el sistema político ruso, y muchas veces se recurre a frases vagas como "democracia intolerante" o "autoritarismo".

En todo caso, el sistema ruso debería categorizarse como protofascista -más sosegado que los estados fascistas europeos durante los años 1920 y 1930, pero aun así con elementos clave de esos regímenes-. Ellos incluyen la estructura de la economía política de Rusia, la idealización del estado como fuente de autoridad moral y el estilo particular de Rusia en el terreno de las relaciones internacionales.

En La anatomía del fascismo, el historiador Robert O. Paxton de la Universidad de Columbia escribe:

“El fascismo se puede definir como una forma de comportamiento político marcado por la preocupación obsesiva por la decadencia, la humillación o la victimización de la comunidad, y por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en los que un partido masivo de militantes nacionalistas comprometidos, que trabajan en colaboración incómoda pero efectiva con las elites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue con violencia redentora y sin restricciones éticas o legales objetivos de depuración interna y expansión externa".