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¿Una privatización rusa a precios de liquidación?

PARÍS – Debido a la presión que ejercen los bajos precios del petróleo y las sanciones de Occidente, la situación fiscal de Rusia se desmorona de manera rápida, obligando al gobierno ruso a tomar medidas cada vez más drásticas para contener el crecimiento del déficit presupuestario. El gasto del gobierno ya se ha reducido en un 8% en términos reales este año en comparación con el año 2015 – esta es una reducción de gran tamaño; sin embargo, no lo suficientemente grande como para equilibrar el presupuesto.  En los hechos, si el precio del petróleo se mantiene en el rango actual de $30 a 35 por barril (el presupuesto de este año supone un precio promedio de $50), el déficit de Rusia se situará en aproximadamente 6% del PIB. Ya que este país tiene un “fondo de reserva” para contingencias de tan sólo el 4,5% del PIB y su acceso a los mercados financieros internacionales es escaso, Rusia necesita con urgencia un plan fiscal alternativo, es decir un Plan Fiscal “B”.

La buena noticia es que el gobierno de Rusia ahora parece reconocer lo que ocurre. En enero, las autoridades anunciaron recortes adicionales por un valor aproximado del 1% del PIB. Es aún más importante el hecho que el gobierno tratará de reunir otro 1,5% del PIB – un millón de millones de rublos ($13 mil millones de dólares) – mediante la privatización de empresas estatales, incluidas entre ellas empresas consideradas como las “joyas de la corona”,  por ejemplo, Rosneft (la compañía petrolera más grande de Rusia), el monopolio de diamantes Alrosa, y Aeroflot, la línea bandera del país.

Ciertamente, el presidente Vladimir Putin ha puntualizado algunas limitaciones importantes con respecto a estas posibles ventas: el gobierno no va a vender participaciones accionarias mayoritarias; los negocios no podrán ser financiadas por préstamos de bancos de propiedad estatal; y, los compradores no pueden estar registrados fuera de la jurisdicción de Rusia. Sin embargo, este plan de privatización podría constituirse en un paso importante para frenar el exceso de propiedad estatal en Rusia, país donde el gobierno controla los puestos de mando de la economía relacionados a los ámbitos de energía, minería, industria manufacturera,  generación de electricidad, servicios financieros y transporte.

Rusia se pronunció sobre una nueva ronda de privatización en el pasado. Dmitri Medvedev, durante su presidencia, se comprometió a invertir la expansión de las empresas de propiedad estatal ocurrida a mediados de la década del 2000 y a privatizar todas las empresas “no estratégicas”. Putin, el sucesor (y, a su vez, predecesor) de Medvedev, reiteró estas promesas en el año 2012. En el primer día de su segundo período como presidente, Putin firmó un decreto sobre “la política económica del Estado a largo plazo”, mismo que estipula la completa privatización de todos los bienes del Estado – con excepción los monopolios naturales, los recursos naturales y los recursos de defensa – antes del año 2016.