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La farsa del referéndum en Birmania

PRAGA – El enorme sufrimiento del pueblo birmano provocado por el reciente ciclón que causó decenas de miles de muertos merece la compasión de todo el mundo. Pero se requiere más que compasión, porque la incompetencia y opresión brutal de la junta militar del país están agravando las trágicas consecuencias de este desastre natural.

En medio de la destrucción causada por el ciclón, los generales que están en el poder en Birmania llevaron a cabo un referéndum sobre una nueva constitución. Pero a los miembros de organizaciones religiosas, las personas que están sujetas a un proceso judicial y los miembros de los grupos étnicos que no han acordado un cese al fuego con el gobierno se les impidió votar de acuerdo con la Ley de Referéndum Constitucional de Birmania. De ese modo, todos los prisioneros políticos actuales y anteriores, alrededor de 500,000 monjes budistas y más de un millón de miembros de grupos étnicos minoritarios que viven cerca de las fronteras no pudieron votar.

Además, según la nueva constitución que supuestamente fue “aprobada” por el “referéndum”, Daw Aung San Suu Kyi, que nunca ha estado sujeta a proceso judicial y sigue bajo arresto domiciliario, no puede ser candidata en las elecciones generales que se celebrarán en 2010 con el pretexto de que su difunto esposo era inglés. ¿Está el mundo realmente dispuesto a aceptar tal absurdo?

Apoyamos firmemente la campaña de oposición de Birmania que hace un llamado a los ciudadanos del país a que rechacen la constitución, que no promueve los derechos humanos y únicamente confirma el papel político de los militares. Muchos activistas a favor de la democracia han sido arrestados en todo el país. La draconiana “ley” (5/96) del régimen prohíbe a los participantes criticar el borrador de la constitución; quienes se atrevan a desafiar al régimen se arriesgan a purgar una pena de 20 años de prisión.