roubini164_ Michael M. SantiagoGetty Images_inflation fed policy Michael M. SantiagoGetty Images

No apuesten a un aterrizaje suave

NUEVA YORK – En 2021, el gran debate sobre las perspectivas para la economía global se centraba en si la creciente inflación en Estados Unidos y otras economías avanzadas era transitoria o persistente. Los principales bancos centrales y la mayoría de los investigadores de Wall Street se alistaban en el “Equipo Transitoria”. Atribuían el problema a efectos de base y a cuellos de botella temporarios en la oferta, lo que implicaba que la alta tasa de inflación rápidamente se retrotraería al rango de meta del 2% de los bancos centrales.

Mientras tanto, el “Equipo Persistente” –liderado por Lawrence H. Summers de la Universidad de Harvard, Mohamed A. El-Erian del Queens’ College de la Universidad de Cambridge, y otros economistas- sostenía que la inflación se mantendría alta, porque la economía se estaba recalentando como consecuencia de una demanda agregada excesiva. Esa demanda estaba impulsada por tres fuerzas: políticas monetarias persistentemente laxas, políticas fiscales excesivamente estimuladoras y una rápida acumulación de ahorros de los hogares durante la pandemia, lo que condujo a una demanda acumulada una vez que las economías se reabrieron.

Yo también estaba en el Equipo Persistente. Pero sostenía que, además de una demanda agregada excesiva, varios shocks de oferta agregada negativos contribuían a la creciente inflación –de hecho, a una estanflación (un crecimiento reducido sumado a una inflación más alta)-. La respuesta inicial al COVID-19 había conducido a confinamientos, que causaron importantes alteraciones en las cadenas de suministro globales y redujeron la oferta de trabajadores (creando un mercado laboral muy reducido en Estados Unidos). Luego se produjeron dos shocks de oferta adicionales este año: la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia, que ha hecho subir los precios de las materias primas (energía, metales industriales, alimentos, fertilizantes) y la respuesta de “COVID cero” de China ante la variante Omicron, que ha derivado en otra ronda de cuellos de botella en las cadenas de suministro.

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