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Racionalidad en tiempos de Trump

MADRID – En la tragedia clásica griega Las Bacantes, el dios Dionisos, motivado por la sed de venganza y decidido a reconquistar el alma de la ciudad de Tebas, se enfrenta al inflexible e intolerante rey Penteo, cuya rigidez –su voluntad de neutralizar, en lugar de entender o encajar, las emociones avivadas por el apasionado y poco convencional Dionisos– acaba por suponer su ruina. Dionisos sale victorioso y Penteo sucumbe.

Hoy es el vehemente y volátil candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, quien pone en jaque al establishment político con el objetivo de seducir los corazones de su país. Pero, Trump no es un dios. Es más, las repercusiones de su eventual victoria serían mucho peores para su nación de lo que lo fueron para Tebas, y el impacto del daño tendría alcance global.

Pese a que, hoy en día, las posibilidades de Trump de ganar las elecciones parecen disminuir, sería prematuro –y en realidad extremadamente arriesgado– descartar por completo esta hipótesis. Tal y como dejó patente en junio el referéndum sobre la salida de Reino Unido de la Unión Europea, los ciudadanos de los países democráticos son perfectamente capaces de tomar decisiones contrarias a sus propios intereses racionales –y esta tendencia viene ganando peso últimamente–.

Esta paradoja presenta, sin embargo, una cierta lógica. En un contexto de dificultades económicas y de crisis ligadas a la identidad nacional, y ante el populismo y sus instigadores del miedo –todo ello magnificado por medios de comunicación y redes sociales–, no resulta difícil comprender que la opinión pública se sienta atraída por voces e ideas que dan consuelo y sirven de válvula de escape a la frustración.