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Nubes de tormenta sobre Corea

BERLÍN – A décadas del fin de la Guerra de Corea y la partición del país, el conflicto en la península de Corea sigue siendo uno de los problemas más peligrosos e intratables de nuestro tiempo. Y hoy es más peligroso (y aparentemente intratable) que nunca.

El régimen norcoreano es una reliquia de la Guerra Fría: un dinosaurio estalinista que sobrevivió hasta el día de hoy, mientras Corea del Sur se convertía rápidamente en una potencia económica y tecnológica regional, y China (principal aliado y único respaldo financiero de Corea del Norte) aplicaba una política de modernización cada vez más exitosa.

Todo esto dejó al régimen norcoreano aislado y fundadamente temeroso de su futuro. Así que para asegurar la supervivencia de su dictadura brutal, al gobernante Partido de los Trabajadores de Corea, liderado por el clan Kim, no se le ocurrió mejor idea que desarrollar armas nucleares y sus sistemas de lanzamiento.

Hasta ahora, todos los esfuerzos diplomáticos y tecnológicos para detener el desarrollo norcoreano de armas nucleares fracasaron. Que Corea del Norte disponga de misiles nucleares capaces de llegar a Corea del Sur y su capital (Seúl), Japón e incluso grandes ciudades de la costa oeste norteamericana es sólo cuestión de tiempo.